Aunque solemos considerarla una enfermedad más propia de tiempos pretéritos, lo cierto es que en los últimos años se han disparado los brotes de sarna humana en España y otros países europeos. Según un estudio de la Academia Española de Dermatología, los casos han crecido un 40% desde 2019. Y es que esta infestación en la piel, conocida también como escabiosis, ha repuntado sobre todo en instituciones vulnerables, como centros educativos y residencias para mayores o personas con discapacidad. Aunque no es grave, es contagiosa y, sobre todo, muy tediosa de controlar.
Contenidos
- 1 ¿Qué es la sarna y qué la causa?
- 2 Síntomas principales y cómo reconocerla
- 3 Formas de contagio y factores de riesgo
- 4 Tratamientos tópicos y orales
- 5 ¿Cómo evitar el contagio en el hogar?
- 6 Prevención en entornos colectivos
- 7 Mitos y verdades sobre la sarna
- 8 Cuándo acudir al dermatólogo
- 9 Preguntas frecuentes
¿Qué es la sarna y qué la causa?
La sarna o escabiosis humana es un trastorno de la piel provocado por el ácaro parásito Sarcoptes scabiei -o arador de la sarna- y caracterizado por la aparición de una molesta erupción cutánea. Este diminuto ácaro, de ocho patas y cuerpo redondo, se presenta en dos variedades: la humana, llamada var.hominis, y las de algunos animales, como la var.canis, presente en los perros.
Este temido parásito se introduce en la piel y excava túneles -de ahí el sarpullido en forma de surcos- donde deposita sus huevos y heces. Es precisamente en este momento cuando se produce una leve reacción alérgica, que es en realidad la principal causante de los síntomas de la sarna.
Síntomas principales y cómo reconocerla
La sarna se puede confundir con otras enfermedades cutáneas que causan picor, como una alergia, un eczema, dermatitis atópica… Es por ello que a veces el diagnóstico se retrasa y se propicia la infestación a otras personas porque, además, el afectado contagia aun sin presentar síntomas.
Por eso es importante estar atentos ante las principales señales y cómo se manifiestan:
- Hay una picazón intensa y erupción cutánea generalizada, que afecta a todo el cuerpo excepto a la cabeza. Tiene la peculiaridad de que empeora con el calor, principalmente de noche al estar abrigados en la cama o en contacto con el agua caliente.
- Como consecuencia de la actividad del parásito en la piel, aparecen también otras lesiones dérmicas, principalmente surcos delgados y ondulantes compuestos por pequeñas ampollas o bultos en la piel.
- La erupción cutánea se percibe especialmente en los pliegues de la piel. Sin embargo, puede aparecer en muchas partes del cuerpo. En adultos, por lo general, la sarna se encuentra entre los dedos de las manos y de los pies; en las axilas; alrededor de la cintura; en la parte interna de las muñecas y de los codos; en el área de la ingle y los glúteos, alrededor del ombligo y de los genitales… En los bebés y los niños pequeños, algunos de los sitios más comunes son los dedos, el cuello, las palmas de las manos y la planta de los pies.
- Hay que tener en cuenta que, si has tenido sarna antes, los síntomas pueden comenzar a los pocos días de la exposición. Por el contrario, los síntomas pueden tardar hasta seis semanas en aparecer si nunca la has padecido.
Formas de contagio y factores de riesgo
La sarna humana se transmite por contacto cercano con personas afectadas, es decir, se trata prácticamente de un contagio piel a piel. No obstante, aunque con menos frecuencia, el contagio se produce al compartir la ropa o al usar la misma cama que una persona infectada con sarna, ya que el ácaro tiene una supervivencia de 72 horas fuera del huésped.
Lo más habitual es que sea necesario un contacto prolongado con una persona contagiada, por lo que la infestación suele darse en el contexto de la familia, la pareja, el grupos de amigos que pasan tiempo juntos, o bien colectivos que conviven en las mismas instalaciones, como residencias universitarias, centros deportivos, residencias, albergues, etc.
Tratamientos tópicos y orales
Para nuestra tranquilidad, hemos de decir que el tratamiento de la sarna humana es muy sencillo. Aunque no haya síntomas, es habitual que el tratamiento para atajar la sarna se aplique no sólo al afectado sino a las personas de su entorno cercano. De esta manera se evita la propagación de una afección cutánea que, como hemos comentado, no siempre se diagnostica con la suficiente rapidez.
Para acabar con estos molestos ácaros, los facultativos suelen prescribir medicamentos en crema y en pastillas. Entre los fármacos más eficaces se encuentran:
-Una fórmula magistral de azufre al 6-8%, especialmente indicada para las especies resistentes de S. scabiei detectadas en los últimos brotes. Es apta para cualquier paciente y su aplicación se realiza preferentemente por las noches.
–Permetrina en crema, una sustancia antiparasitaria para matar los ácaros. Debe aplicarse en la piel -preferentemente durante la noche- y dejar actuar entre 8 y 14 horas antes de retirarla. Está indicada para todas las personas mayores de dos meses de edad y el tratamiento debe repetirse al cabo de una semana.
–Ivermectina oral. Suele recetarse cuando la respuesta a las cremas no es la esperada, para completar el tratamiento tópico o para tratar a pacientes con el sistema inmunitario debilitado.
Una vez hecho el tratamiento es frecuente que el picor tarde en desaparecer hasta 4 semanas. No obstante, el ácaro en condiciones normales se muere entre las 24-36 horas si no está en contacto con la piel.
¿Cómo evitar el contagio en el hogar?
Lo fundamental es evitar el contacto piel con piel con una persona infectada, sobre todo si tiene erupciones que le causan picor. Y, por supuesto, tratar a todos los miembros de la familia, tengan o no síntomas. Pero el tratamiento de la sarna no solo implica abordar los síntomas sino también tomar medidas para evitar su propagación.
Es importantísimo:
- Lavar y secar la ropa personal y la de cama a altas temperaturas para matar los ácaros y sus huevos.
- Limpiar y aspirar adecuadamente los sillones, alfombras, muebles, colchones y otras áreas susceptibles de albergar estos parásitos.
- Colocar los artículos que no podamos lavar en bolsas plásticas selladas y dejarla en un lugar apartado, como el garaje, durante una semana. Los ácaros mueren después de unos días sin alimento.
- No compartir artículos personales, como prendas de vestir, toallas, ropa de cama, etc.
- Si estamos contagiados o creemos estarlo, mantener las uñas cortas y limpias para prevenir irritaciones adicionales y evitar la propagación de la sarna al rascarse. Extremar la higiene, con una adecuada limpieza personal, lavado regular de manos y con especial atención a áreas interdigitales, las axilas y los genitales.
Prevención en entornos colectivos
Los brotes de sarna en colegios, residencias y otros centros colectivos requieren protocolos específicos de prevención para evitar su propagación masiva. Las instituciones deben implementar medidas de vigilancia activa, identificando rápidamente los casos sospechosos y notificándolos a las autoridades sanitarias correspondientes. Es fundamental establecer programas de educación sanitaria dirigidos tanto al personal como a los usuarios, explicando los mecanismos de transmisión y la importancia del diagnóstico precoz.
En estos entornos, resulta crucial realizar tratamientos simultáneos de todos los convivientes cuando se detecta un caso, independientemente de si presentan síntomas o no. Además, se debe reforzar la limpieza y desinfección de superficies, textiles y espacios comunes, prestando especial atención a sillones, colchones y áreas de descanso compartidas. Las residencias de personas mayores son especialmente vulnerables debido al contacto frecuente durante la asistencia personal, por lo que el personal sanitario debe utilizar guantes y extremar las precauciones al manipular ropa de cama o realizar cuidados directos con los residentes afectados.
Mitos y verdades sobre la sarna
Como ocurre con otras afecciones que existen desde hace siglos, hay numerosos mitos en torno a la sarna.
MITO: Está relacionada con la falta de higiene. Es cierto que los contagios son más elevados en espacios de hacinamiento donde en otros momentos de la historia en los que la infestación tenía una incidencia altísima. Sin embargo, los profesionales médicos aclaran que cualquier persona puede contraerla, de cualquier nivel económico y en todos los ambientes sociales.
VERDAD: Al contrario de lo que se piensa al parásito de la sarna no le gusta la suciedad sino la piel ‘calentita’ de un humano. Por eso la persona más limpia, más higiénica, que viva en las mejores condiciones del mundo, puede adquirir la sarna igual que cualquier otra.
MITO: Las mascotas y otros animales transmiten la sarna. Nada más lejos de la realidad puesto que, como hemos visto, existen parásitos específicos para cada especie. Los ácaros de la sarna que afectan a los animales no sobreviven ni se reproducen en las personas.
VERDAD: Sí que es cierto, sin embargo, que el contacto con un animal que tiene sarna puede causar una picazón breve si los ácaros penetran en la piel. Pero en unos pocos días, el ácaro muere porque está fuera de la especie de la que puede ser huésped. Por lo tanto, no se necesita tratamiento.
MITO: La sarna es extremadamente contagiosa. También es falso. Para su contagio se necesita contacto estrecho prolongado o repetido con otra persona que tenga sarna o con objetos o ropa con los que haya tenido ese contacto.
VERDAD: Aunque es contagiosa, darle la mano a una persona con sarna no nos contagia. De hecho, se necesitan al menos 20 minutos de contacto directo de piel con piel para que haya contagio. Lo que sí es cierto es que, al no provocar síntomas hasta pasado bastante tiempo, podemos estar contagiando a otras personas de nuestro entorno cercano sin darnos cuenta. Pueden pasar de 2 a 6 semanas desde que nos contagiamos hasta que aparecen los primeros síntomas.
Cuándo acudir al dermatólogo
Como hemos comentado la principal manifestación clínica de la sarna es esa picazón intensa que predomina por la noche y que afecta a las zonas donde hay erupción cutánea. Pero también hemos de estar atentos y acudir al dermatólogo conforme percibamos lesiones dérmicas más peculiares, como los surcos acarinos o ‘túneles’ que deja el parásito. Es un signo muy específico que los dermatólogos buscan en la piel de los pacientes con sospecha de sarna. Suelen localizarse en manos, pies y pliegues cutáneos, que es donde reside el ácaro. Así que, de detectarlos en nuestra piel o la de las personas de nuestro entorno, es imprescindible acudir a consulta médica.
Como vemos, la sarna no es cosa del pasado y puede afectarnos a cualquiera de nosotros. Pero, aunque es una afección molesta lo importante es detectarla, diagnosticarla y tratarla lo antes posible sin alarmarnos.
Preguntas frecuentes
¿La sarna puede reaparecer después de haber sido tratada correctamente?
Sí, es posible que la sarna reaparezca incluso tras un tratamiento correcto, y la causa más frecuente no es un fallo del fármaco sino una reinfestación. Esto ocurre cuando algún conviviente o contacto cercano que también estaba infestado no recibió tratamiento al mismo tiempo, o cuando no se desinfectaron adecuadamente la ropa de cama, los textiles y los muebles del hogar. Por eso los protocolos médicos insisten en tratar simultáneamente a todos los convivientes y en repetir la aplicación del tratamiento tópico a la semana, independientemente de si los síntomas han mejorado.
¿El picor que persiste semanas después del tratamiento significa que el tratamiento no ha funcionado?
No necesariamente. Es completamente habitual que el picor se prolongue entre dos y cuatro semanas después de haber eliminado el ácaro, porque la reacción inflamatoria que causa el prurito es de naturaleza alérgica y no desaparece de inmediato aunque el parásito ya esté muerto. Para aliviar esta picazón residual, los médicos suelen recomendar antihistamínicos orales o corticoides tópicos. Si el picor persiste más allá de ese plazo o aparecen nuevas lesiones, sí conviene volver a consultar al dermatólogo para descartar una reinfestación o una resistencia al tratamiento.
