Cada vez somos más conscientes de lo importante que es tener un intestino sano, ya no solo como base para un sistema inmunitario fuerte sino porque la microbiota o flora intestinal -es decir, el conjunto de bacterias beneficiosas que habitan en el aparato digestivo- tiene una función primordial en una digestión óptima, en la respuesta frente a infecciones comunes y en el equilibrio de todo el organismo.
Sabiendo esto, el consumo de probióticos se ha convertido en una prioridad, teniendo en cuenta su innegable papel en el mantenimiento de una flora saludable.
Contenidos
- 1 ¿Qué son los probióticos y cómo funcionan en tu organismo?
- 2 Principales beneficios de los probióticos para la salud integral
- 3 Tipos de cepas más comunes: Lactobacillus y Bifidobacterium
- 4 ¿Cuándo es el mejor momento para empezar a tomarlos?
- 5 Situaciones clave: tras el uso de antibióticos y salud digestiva
- 6 Cómo elegir el suplemento probiótico adecuado en la farmacia
¿Qué son los probióticos y cómo funcionan en tu organismo?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los probióticos son “microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren un efecto beneficioso para la salud del sujeto que lo recibe”. De entre estos microorganismos, las especies de Lactobacillus y Bifidobacterium son las más utilizadas como probióticos y se pueden consumir en forma de suplementos o como parte de algunos alimentos.
En nuestro cuerpo habitan unas 2.000 especies de bacterias diferentes y más del 95% de esta flora vive en el tracto digestivo, principalmente en el colon, donde desempeña importantes funciones sobre la digestión, la producción de algunas vitaminas y la protección contra otros microorganismos que pueden ser perjudiciales. En concreto actúan frente a los microorganismos dañinos a través de distintas acciones, como la preservación de las barreras naturales del tracto digestivo, la producción de sustancias que impiden el crecimiento de los microorganismos nocivos, la reducción del pH del intestino, o la competición por los nutrientes con estos microorganismos. Además, promueven la regeneración de la flora intestinal tras su alteración (por ejemplo, por la toma de antibióticos).
Principales beneficios de los probióticos para la salud integral
Teniendo en cuenta que algunas de las enfermedades más habituales tienen su origen en el desequilibrio de la flora intestinal, los probióticos son unos aliados fabulosos para nuestra salud. Destacan por su capacidad para promover una digestión saludable y aliviar trastornos como el síndrome del intestino irritable. Y, de hecho:
- ayudan a digerir ciertos alimentos,
- intervienen en la síntesis de vitaminas del grupo B,
- mejoran la absorción del calcio,
- ayudan a mantener el equilibrio de la flora intestinal y la flora vaginal,
- y mejoran y regulan el tránsito intestinal.
No obstante, nos proporcionan beneficios que van más allá de la salud digestiva. Y, según diversos estudios científicos, los probióticos también pueden desempeñar un papel en:
- El fortalecimiento del sistema inmunitario, al competir con las bacterias patógenas en el intestino y reducir su número. Por ello, su uso es más que recomendable cuando tenemos gripe, resfriado o enfermedades infecciosas como la cistitis o la vaginitis.
- Una mejor salud cerebral. Los probióticos pueden ayudar a mejorar el estado de ánimo y reducir los síntomas de ansiedad y depresión al intervenir en el llamado eje cerebro-intestino.
- La salud en la mujer, puesto que pueden ayudar a mantener el equilibrio de la flora vaginal y prevenir infecciones como la candidiasis.
Estos son solo algunos ejemplos de los beneficios de los probióticos. Sin embargo, es importante recordar que los efectos de los probióticos pueden variar dependiendo del tipo y la cepa de probiótico que se consuma, así como de la salud individual de cada persona
Tipos de cepas más comunes: Lactobacillus y Bifidobacterium
Hay varios tipos de probióticos, pero los más comunes y estudiados pertenecen a los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium. Cada uno de estos géneros incluye muchas especies diferentes, cada una de las cuales tiene varias cepas. Las especies de Lactobacillus y Bifidobacterium se pueden consumir en forma de suplementos o formando parte de algunos alimentos fermentados, como el yogur, el kéfir o el kimchi.
Los Lactobacillus son un tipo de bacteria que produce ácido láctico, presente habitualmente en la boca, el aparato digestivo y la vagina. Son conocidos por su habilidad para resistir el ácido gástrico y llegar vivos al intestino, donde realizan su función. Algunas cepas de Lactobacillus pueden ayudar a tratar la diarrea y pueden mejorar la digestión de la lactosa en las personas que son intolerantes. Ayuda a descomponer los alimentos, absorber los nutrientes y combatir microorganismos nocivos para la salud.
En cuanto a los Bifidobacterium, son parte de la flora intestinal natural y producen ácido láctico y acético. Estas bacterias son esenciales para la digestión de la fibra y otros carbohidratos complejos que nuestro cuerpo no puede digerir por sí solo. Además, estimulan la motilidad y mejoran el tránsito intestinal.
¿Cuándo es el mejor momento para empezar a tomarlos?
Los probióticos son recomendables para restaurar la flora intestinal tras el uso de antibióticos, aliviar problemas digestivos (diarrea, estreñimiento, hinchazón, colon irritable) y fortalecer el sistema inmunológico. También son beneficiosos ante infecciones urinarias o respiratorias recurrentes, estrés crónico, intolerancias alimentarias o para mejorar la digestión. Por eso deberíamos plantearnos tomarlos en determinadas situaciones, como:
- Tras un tratamiento de antibióticos: Es la situación más común, ya que los antibióticos eliminan bacterias buenas y malas. Y el probiótico equilibra nuestra microbiota.
- Cuando padecemos trastornos intestinales. Si sufrimos diarrea, estreñimiento, gases, distensión abdominal o síndrome de intestino irritable, el probiótico puede sernos de gran ayuda.
- Antes de viajar. Muchas personas suelen padecer lo que se conoce como la ‘diarrea del viajero’ y el consumo de probióticos puede prevenir las alteraciones propias de los cambios de dieta o agua.
- Cuando nuestras defensas están bajas. Como ya hemos dicho, los probióticos fortalecen el sistema inmunitario, especialmente en niños y adultos con infecciones frecuentes.
- En casos de infecciones urinarias o ginecológicas recurrentes, como la candidiasis.
- En etapas de mucho estrés y mala alimentación, situaciones ambas que alteran la microbiota.
Recordemos que se recomienda tomarlos con el estómago vacío (por la mañana antes de desayunar o antes de dormir) para que sobrevivan mejor al ácido estomacal. Y que es fundamental consultar a un profesional sanitario para elegir la cepa adecuada a nuestra necesidad.
Situaciones clave: tras el uso de antibióticos y salud digestiva
Uno de los efectos más estudiados y constatados de los probióticos se refiere a su eficacia a la hora de tratar ciertos problemas digestivos. De hecho, se ha demostrado que los probióticos pueden combatir la diarrea infecciosa, la diarrea aguda causada por rotavirus (gastroenteritis) o la diarrea asociada a la ingesta de antibióticos, entre otras.
Además, el uso de probióticos puede mejorar la sintomatología de enfermedades inflamatorias intestinales, como el síndrome de intestino irritable o la enfermedad de Crohn. Y es que los probióticos ayudan a mantener en equilibrio al conjunto de microorganismos que habitan en el intestino, es decir, nuestro microbioma. Y, por tanto, son una buena forma de mantener en estado óptimo algo tan importante como nuestro sistema digestivo: mejoraremos así la digestión y la producción de vitaminas del grupo B y K, beneficiosas para nuestro organismo.
Cuando tomamos medicamentos contra ciertas infecciones -los conocidos antibióticos- el equilibrio de los complejos ecosistemas del microbioma intestinal se altera. Esto implica no sólo una disminución de la cantidad de microorganismos en el intestino grueso, sino también una disminución de su diversidad. Pero, ojo: no todas las cepas probióticas tienen el mismo efecto. Algunas ayudan a restaurar la barrera intestinal, otras mejoran la motilidad digestiva y otras contribuyen a reducir la inflamación. Por eso, usar un probiótico genérico sin un criterio adecuado puede no ofrecer los resultados esperados. Son aconsejables los productos que contengan diversas cepas, especialmente familias de Lactobacillus y Bifidobacterium, así como Saccharomyces boulardii.
Cómo elegir el suplemento probiótico adecuado en la farmacia
Como hemos comentado más arriba, no todos los probióticos sirven para todo. Cada producto contiene una cepa o microorganismo concreto que sirve para una función determinada. Además de incluir alimentos probióticos en nuestra alimentación (kéfir, yogurt…) nuestras circunstancias personales pueden hacer necesario el uso de probióticos en forma de suplementos.
Lo primero que hemos de hacer es elegir productos que especifiquen cepas concretas y garanticen al menos 109 unidades formadoras de colonias (UFC), así como que estén avalados por estudios clínicos. En nuestra farmacia te asesoraremos encantados sobre las marcas disponibles y los productos más adecuados según tu caso.
- Si la causa está en el consumo de antibióticos y la aparición de diarrea, optaremos por probióticos con Lactobacillus rhamnosus GG, Saccharomyces boulardii.
- Para cuidar la salud íntima femenina, es recomendable que el producto tenga Lactobacillus crispatus, Lactobacillus rhamnosus GR-1.
- Para proteger la salud digestiva y nuestro estado general, podemos contar con Bifidobacterium y Lactobacillus.
Insistimos: la cepa y la cantidad de UFC son importantes.
Y recuerda que estamos aquí para cuidarte. Así que no dudes en consultarnos y te recomendaremos la cepa específica que te puede ir mejor.
