Hay personajes del mundo del cine y la literatura que asociamos de forma inmediata a un rasgo distintivo muy concreto: la presencia de un mechón de cabello blanco en la cabeza. Es el caso de Cruella de Vil, en 101 dálmatas; Lily Munster, de la telecomedia americana The Munster (La Familia Monster en su versión española); o Sweeney Todd, el famoso barbero asesino interpretado por Johnny Depp en la película de Tim Burton. El nombre de esta afección es poliosis, del griego “pilios”, que significa gris, y se refiere al proceso de pérdida de pigmentación del cabello, que se torna gris o blanquecino.
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Qué es la poliosis
La poliosis es una afección que se define por un descenso de melanina y melanocitos en el folículo piloso, lo que da lugar a mechones de pelo grisáceos o blanquecinos que conviven con el resto del cabello normalmente pigmentado. Suele aparecer en la cabeza, a menudo en la parte frontal (en la zona del flequillo), aunque puede darse también en las cejas, las pestañas, la barba o cualquier otra zona del cuerpo donde existan folículos pilosos.
Este trastorno puede afectar tanto a adultos como a niños, incluso a neonatos, y se da en mujeres y hombres con la misma frecuencia. Las personas que padecen esta afección se caracterizan por tener en los folículos capilares un bajo nivel o una ausencia total de melanina, el pigmento encargado de dar color a nuestra piel, cabello y ojos. Cuando esta pérdida de pigmentación se produce en áreas muy localizadas, a modo de parches y no de forma dispersa, como ocurre con las canas, hablamos de poliosis.
Qué causa la poliosis
Como ya hemos explicado, la causa de la poliosis es el descenso (o la ausencia total) de la producción de melanina en ciertas áreas foliculares. Cuando aparece de forma aislada, suele tratarse de una cuestión genética que se reproduce en generaciones de la misma familia y sólo representa un trastorno capilar inofensivo sin otras implicaciones más que las estéticas, por lo que las personas que la padecen gozan de buena salud.
Sin embargo, en ocasiones la poliosis puede estar asociada a otros trastornos genéticos, como el síndrome de Waanderburg, el piebaldismo, la neurofibromatosis o la esclerosis tuberosa.
El síndrome de Waanderburg engloba un grupo de enfermedades hereditarias producidas por una alteración de la migración de las células derivadas de la cresta neural entre la octava y la décima semana de gestación. Es una enfermedad poco frecuente de la que existen cuatro variantes con distintas manifestaciones, entre ellas, la pérdida auditiva y los trastornos de pigmentación.
El piebaldismo, por su parte, es un defecto genético que produce, desde el nacimiento, falta de pigmentación en forma de mechones blancos (poliosis) y manchas blancas (leucodermia) en la parte superior del cuerpo, sobre todo en la frente. Generalmente, estos son los únicos síntomas visibles de este síndrome y quienes lo padecen están sanos.
Asimismo, a edades más avanzadas, se relaciona con algunas enfermedades autoinmunes, como el vitíligo (que puede provocar despigmentación del cabello, además de la piel), la enfermedad de Vogt-Koyanagi-Harada o la sarcoidosis. La poliosis también puede estar provocada por algunos trastornos tiroideos o determinados procesos inflamatorios, infecciones o tratamientos con quimioterapia o radioterapia.

Diagnóstico
Para el diagnóstico de la poliosis se realiza un examen clínico y se estudian los antecedentes médicos y familiares del paciente. La presencia de este rasgo de forma aislada -como una afección en sí misma y sin otros síntomas asociados- y la aparición de otros casos en la familia de la persona afectada, apunta a una causa de origen genético sin mayores implicaciones.
No obstante, como ya hemos mencionado, la aparición de la poliosis puede ser consecuencia de otras enfermedades subyacentes por lo que, para descartar otros trastornos que puedan estar ocasionando esa pérdida de pigmentación capilar, pueden ser necesarias pruebas adicionales, como análisis de sangre o biopsias.
Tratamiento
Cuando existe una causa subyacente que provoca la aparición de los mechones blancos, especialmente si se trata de enfermedades autoinmunitarias o infecciosas, el tratamiento médico para dichas afecciones (medicamentos tópicos u orales, corticoesteroides, antifúngicos, inmunomodeladores…) puede ayudar a restituir el color original del cabello. Un diagnóstico temprano siempre será de utilidad para frenar la progresión y avance de la enfermedad subyacente y, por tanto, también de la poliosis.
En aquellos casos en que la poliosis es hereditaria, la solución pasará por un tratamiento estético que permita mejorar la apariencia del cabello despigmentado: tintes para disimular la despigmentación; micropigmentación del cuero cabelludo o de la zona afectada, cuando en esta se lleva el pelo corto (las cejas, por ejemplo) o, en casos en los que no han sido efectivos otros tratamientos, el trasplante capilar (a partir de la extracción de folículos pilosos de áreas no afectadas y el posterior trasplante a las zonas en las que el cabello está despigmentado).
Prevención y cuidados capilares
Aunque la poliosis de origen genético no puede prevenirse, mantener un cabello saludable puede ayudar a preservar la pigmentación natural en el resto del cuero cabelludo. Una alimentación equilibrada rica en vitaminas del complejo B, especialmente B12, ácido fólico y biotina, junto con minerales como el cobre y el zinc, contribuye al funcionamiento óptimo de los melanocitos. Evitar el estrés excesivo, limitar la exposición solar intensa sin protección y usar productos capilares suaves sin químicos agresivos también puede beneficiar la salud folicular general.
Para quienes ya presentan poliosis, el cuidado adecuado del cabello despigmentado es fundamental, ya que tiende a ser más frágil y propenso a la sequedad. Se recomienda usar champús hidratantes específicos, acondicionadores nutritivos y evitar tratamientos químicos agresivos como decoloraciones o permanentes que puedan dañar aún más la estructura capilar. Los masajes regulares del cuero cabelludo pueden estimular la circulación sanguínea local, favoreciendo la salud general del folículo piloso.
Mitos y realidades acerca de la poliosis
Uno de los principales mitos en torno a la poliosis es la asociación de su presencia con la edad avanzada. Como ya hemos explicado con anterioridad, esta afección puede aparecer a cualquier edad, incluso desde el nacimiento.
La mayoría de los mitos que rodean a la poliosis no son otros que los que circulan en torno a las canas. Entre ellos, los más frecuentes son los siguientes:
- Si te arrancas una cana salen siete más: es totalmente falso, al arrancar un cabello, en su lugar, aparecerá otro nuevo, y tendrá la misma pigmentación que el anterior, pues posee los mismos melanocitos del bulbo piloso.
- El pelo blanco crece más deprisa: no hay evidencia científica de que el color del cabello determine la velocidad de crecimiento.
- El pelo blanco se cae menos: suele decirse “el que encanea no calvea”, pero lo cierto es que el ciclo vital del cabello despigmentado es el mismo que el del resto del pelo.
- La alimentación influye en la despigmentación del cabello: puede considerarse una verdad a medias. Cuando existe un claro componente genético en la presencia de pelo cano o de poliosis, la alimentación poco tiene que ver. Sin embargo, hay casos en los que esa despigmentación está originada por una carencia de vitamina B12, por lo que la situación podría revertirse con el tratamiento adecuado.
Poliosis en la cultura popular
La poliosis ha sido utilizada a lo largo de la historia como un recurso estético para dotar de singularidad a ciertos personajes en la cultura popular. Desde villanos emblemáticos como Cruella de Vil hasta héroes con un toque distintivo como Rogue en los cómics de X-Men, este rasgo ha sido asociado con misterio, poder, o incluso con una carga emocional o traumática. En el ámbito literario, la poliosis ha servido para subrayar la identidad única de un personaje, mientras que en el cine y la televisión suele utilizarse como una herramienta visual que destaca rasgos psicológicos o sobrenaturales, añadiendo profundidad a las narrativas.
