El helicobacter pylori es una de las infecciones bacterianas más frecuentes y alcanza al 50% de la población mundial, con una incidencia similar en el caso de España. Aunque tiene mayor prevalencia en los países con un bajo desarrollo socioeconómico, en la mayor parte de las áreas geográficas del mundo las tasas son muy elevadas y superan, en general, el 50%.
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Qué es el helicobacter pylori
El helicobacter pylori es una bacteria (concretamente, un bacilo) que prolifera en la mucosa gástrica humana. Tiene forma de espiral y unos filamentos que le confieren movilidad y facilitan su instalación en la mucosa que reviste el estómago.
Este patógeno fue aislado y cultivado por primera vez a principios de los años 80 del siglo XX por Barry J. Marshall y J. Robin Warren, quienes afirmaron en sus trabajos que muchas de las gastritis y las úlceras estomacales eran causadas por la colonización del estómago por esta bacteria. En 2005, recibieron el premio Nobel de Fisiología y Medicina por la importancia de los descubrimientos de su investigación.
La bacteria produce una inflamación del estómago que puede provocar una gastritis crónica en las personas infectadas. Se considera la principal causa de úlcera péptica y está relacionada con algunos tipos de cáncer de estómago, como el adenocarcinoma gástrico y el linfoma gástrico de tejido linfoide asociado a mucosa (MALT).
Características básicas
El helicobacter pylori es el único organismo conocido que puede subsistir en un ambiente tan extremadamente ácido como el estómago. Su forma en espiral y sus flagelos le permiten aferrarse al epitelio estomacal y neutralizar la acidez del entorno local. También tiene la capacidad de penetrar en la mucosa y unirse a las células que revisten el interior del estómago, obstaculizando la respuesta inmunitaria.

Cómo se transmite el helicobacter pylori
Aunque hasta el momento no existen suficientes evidencias científicas que permitan establecer el modo exacto de transmisión, se considera que la transmisión directa de persona a persona, a través de la saliva, el vómito o la materia fecal, es la vía más probable. Esta transmisión puede producirse por vía oral-oral, por vía gástrica-oral o por vía fecal-oral, ya que la bacteria se ha aislado en la saliva, la placa dental y las heces de las personas infectadas.
En los países desarrollados la vía más plausible de ingestión del microorganismo parece ser gástrico-oral u oral-oral, mientras que en los países en desarrollo la vía fecal-oral, a través de aguas contaminadas, parece ser la principal vía de infección. También se ha descrito la transmisión iatrogénica de la infección a través de sondas, endoscopios u otros instrumentos sanitarios que no han sido desinfectados adecuadamente.
La infección se suele producir en la infancia y una vez que tiene lugar desarrolla una respuesta inflamatoria en el estómago donde, de forma progresiva, va lesionando las capas protectoras de la superficie gástrica provocando una gastritis crónica, si bien sólo un pequeño porcentaje de pacientes desarrolla síntomas.
Cómo saber si tengo helicobacter pylori
Para el diagnóstico de la infección por helicobacter pylori existen distintas pruebas que aparecen recogidas en las guías de recomendación del conocido como Consenso de Maastrich.
Tal y como recoge la Fundación Española del Aparato Digestivo, las pruebas de las que disponemos para el diagnóstico de esta enfermedad infecciosa son el test de aliento, la prueba de heces, el test serológico y la endoscopia.
El test del aliento es una prueba consistente en la ingesta de una pastilla de urea que está marcada con C13. El helicobacter pylori descompone la urea y libera el C13, que pasa a la sangre y, de ahí, a los pulmones, excretándose por el aliento. A partir de esta prueba se puede confirmar el diagnóstico.
La prueba de heces incluye la toma de una muestra fecal del paciente que se analiza mediante un método determinado para detectar los antígenos de la bacteria.
El test serológico, por su parte, consiste en un análisis de sangre para detectar anticuerpos frente al helicobacter pylori.
Por último, la endoscopia digestiva alta es un método invasivo que permite examinar directamente el estómago por dentro y tomar una pequeña muestra de tejido para realizar un test de ureasa, similar al del aliento, o analizar directamente el tejido en el microscopio.
Tanto la toma de antibióticos como la ingesta de inhibidores de la bomba de protones (omeprazol y similares) afectan a los resultados de las pruebas diagnósticas, por lo que deben suspenderse antes de realizar cualquiera de los test (cuatro semanas antes, en el primer caso, y dos semanas antes, en el segundo).
Sintomatología
Como ya hemos explicado con anterioridad, la gastritis crónica o la duodenitis crónica causada por la infección por helicobacter pylori es asintomática en la mayoría de los casos. No obstante, la infección por esta bacteria puede asociarse a síntomas como:
- Dolor o molestia en la parte alta del abdomen.
- Falta de apetito.
- Saciedad precoz.
- Hinchazón y pesadez tras las comidas.
- Náuseas y vómitos.
- Pérdida o aumento de peso.
- Oscurecimiento de las heces (en personas que desarrollan complicaciones como úlceras gástricas o duodenales).
- Anemia y cansancio (cuando hay úlceras que sangran).
Con menos frecuencia, la gastritis crónica puede generar un desgaste de la mucosa gástrica (gastritis atrófica) o provocar el desarrollo de algunos tipos de cáncer de estómago.
Consecuencias
La infección por Helicobacter pylori puede generar diversas complicaciones si no se detecta o trata adecuadamente. En primer lugar, la gastritis crónica es una de las consecuencias más comunes, que, con el tiempo, puede evolucionar hacia úlceras gástricas o duodenales. Estas úlceras pueden producir dolor abdominal intenso, hemorragias internas y, en casos graves, perforaciones que requieren atención médica urgente.
Además, la persistente irritación y daño a la mucosa gástrica pueden dar lugar a una condición conocida como gastritis atrófica, donde el revestimiento del estómago se adelgaza, comprometiendo aún más la función protectora del estómago. A largo plazo, esta inflamación crónica aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de estómago, especialmente adenocarcinoma gástrico y linfoma MALT (tecido linfoide asociado a mucosa). Por ello, la detección temprana y el tratamiento adecuado de la infección por Helicobacter pylori son fundamentales para prevenir complicaciones graves.
Tratamientos
En las dos últimas décadas se ha observado que el helicobacter pylori ha aumentado su resistencia a los antibióticos, situándose entre los veinte patógenos de mayor riesgo en cuanto a la creación de resistencia. La existencia, en la actualidad, de técnicas de biología molecular sencillas para evaluar la resistencia de esta bacteria a determinados antibióticos, mediante la detección de mutaciones genéticas de la cepa resistente, ha hecho que los expertos de Maastrich actualicen sus recomendaciones para decidir el tratamiento en primera línea.
Cuando no puede llevarse a cabo el análisis de la cepa, la estrategia de tratamiento depende del nivel de resistencia a los macrólidos en la región o el país en cuestión. Se suele optar por el uso combinado de cuatro fármacos: inhibidores de la bomba de protones junto a dos o tres tipos de antibióticos asociados o no al uso de bismuto.
El tratamiento suele tener una duración de catorce días y las últimas investigaciones apuntan a la eficacia de los probióticos, no solo en la reducción de los efectos secundarios en la microbiota intestinal asociados al uso de antibióticos, sino también en la eliminación del microorganismo, al promover un mejor cumplimiento del tratamiento farmacológico.
Prevención y recomendaciones para evitarlo
Puesto que el helicobacter pylori puede propagarse a través del agua y los alimentos contaminados, es fundamental adoptar algunas medidas higiénicas y preventivas para evitar la infección, tales como:
- Lavarse las manos minuciosamente después de ir al baño y antes de manipular alimentos o comer.
- Cuidar la higiene de las superficies y utensilios que se utilizan para cocinar y lavar y cocinar correctamente los alimentos.
- Beber agua potable proveniente de fuentes limpias y seguras.
Dieta y hábitos alimentarios recomendados
Una vez diagnosticada la infección por Helicobacter pylori, es fundamental acompañar el tratamiento médico con una dieta adecuada que ayude a reducir la inflamación de la mucosa gástrica y mejore los síntomas digestivos. Aunque no existe una dieta específica para erradicar la bacteria, ciertos alimentos pueden contribuir a mejorar el entorno gástrico y facilitar la recuperación.
Se recomienda una alimentación rica en frutas y verduras frescas, especialmente aquellas con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, como los frutos rojos, el brócoli, la coliflor o las espinacas. También se ha observado que alimentos como el yogur con probióticos, el ajo crudo y el aceite de oliva pueden tener un efecto positivo. Por el contrario, conviene evitar el consumo de alimentos muy grasos, picantes, fritos o ultraprocesados, así como limitar el café, el alcohol y el tabaco, ya que todos estos factores pueden irritar la mucosa gástrica y empeorar los síntomas. Mantener una buena hidratación y hacer comidas más pequeñas y frecuentes también puede ayudar a aliviar las molestias digestivas.
