La dermatitis atópica, o eczema, es una enfermedad crónica de la piel que causa sequedad, picazón e inflamación. Para controlarla y evitar brotes severos, es fundamental mantener la piel hidratada e identificar y evitar los posibles factores que la desencadenan. Afortunadamente cada vez hay más y mejores productos cosméticos y farmacológicos para su prevención y tratamiento.
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¿Qué es la dermatitis atópica?
La dermatitis atópica, también llamada eczema alérgico, dermatitis alérgica, neurodermatitis o eczema atópico, es una enfermedad crónica y de reaparición recurrente que genera inflamación y prurito intenso en la piel, así como lesiones cutáneas, placas eritematosas y descamación.
Por lo general, la dermatitis atópica comienza antes de los 5 años y puede continuar hasta la adolescencia y la edad adulta. Una de las características de esta enfermedad no contagiosa es que es recidivante, es decir, el paciente sufre brotes que desaparecen por un tiempo -incluso por varios años-, pero pueden volver a aparecer si se dan ciertos factores. Por eso es importante comprender por qué se produce y cuándo, para prevenir un nuevo brote.
Causas comunes y factores desencadenantes
La dermatitis atópica es una enfermedad compleja con causas genéticas y ambientales y factores muy diversos que pueden dar lugar a anomalías en la epidermis y el sistema inmunitario, por lo que también se suele asociar a otras manifestaciones atópicas, como la alergia alimentaria, la rinitis alérgica y el asma. Pero veamos qué la causa y qué otros factores podemos controlar para evitar brotes.
Las causas más frecuentes son:
- Genéticas, ya que a menudo se hereda y está relacionada con mutaciones en genes que afectan la barrera cutánea y la respuesta inmunitaria. Se trata de alteraciones como las que afectan a la proteína filagrina o deficiencias en las moléculas de los lípidos (ceramidas) y los péptidos antimicrobianos (catelicidinas), que son la primera línea de defensa contra muchos agentes infecciosos.
- Una disfunción inmunológica, en la medida en que el sistema inmunitario reacciona de forma exagerada a ciertos factores (como la contaminación, el polen o la humedad), causando inflamación en la piel e infecciones bacterianas y virales en los pacientes.
- Una barrera cutánea no lo suficientemente fuerte, generalmente relacionada con la pérdida de agua transepidérmica (el agua pasa desde el interior del cuerpo al exterior) y a una mayor penetración de alérgenos irritantes y microbios en la piel.
- Desencadenantes ambientales o externos, como las alergias o ciertos productos irritantes. El polen, los ácaros del polvo, los animales y algunos alimentos pueden desencadenar brotes en personas susceptibles. Lo mismo ocurre con jabones, productos de limpieza y ciertos tejidos (como la lana o el nylon), que pueden irritar la piel y empeorar los síntomas.
Otros factores que también influyen son:
- el estrés
- los cambios climáticos extremos, ya que tanto el frío y seco como el calor y la humedad suelen causar brotes
- la higiene excesiva, el agua caliente y jabones con PH alto
- las infecciones virales o bacterianas, como la del Staphylococcus Aureus, una bacteria con frecuencia involucrada en la dermatitis atópica
Síntomas y cómo identificarlos
Los síntomas de la dermatitis atópica o eczema pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo y varían considerablemente según la persona. Por eso es importante estar atentos a los más comunes, que son:
- Piel seca y agrietada.
- Picazón (prurito).
- Erupción en la piel hinchada que varía de color según el color de piel.
- Pequeñas protuberancias (en personas de piel morena o negra).
- Exudado y costras.
- Inflamación de la piel
- Oscurecimiento de la piel alrededor de los ojos.
- Piel en carne viva y sensible por rascarse.
Las lesiones suelen concentrarse en las zonas de flexión de las extremidades, las muñecas y tobillos, así como manos y pies. En bebés y niños, también es frecuente que aparezcan en la cara (frente, mejillas, barbilla), el cuello y el cuero cabelludo. Como consecuencia de estos molestos eczemas, los pacientes suelen padecer alteraciones significativas del sueño debido al intenso picor que causa y, ligado a lo anterior, cansancio, irritabilidad, disminución de la concentración, etc.
Consejos de prevención y cuidado diario
Como ya hemos visto, son muchos los factores que pueden desencadenar un brote de dermatitis. Así que es fundamental seguir a pie juntillas ciertas pautas preventivas cotidianas:
- Evitar los desencadenantes. Prestemos atención a qué situaciones o sustancias pueden empeorar nuestros síntomas y evitemos exponernos a ellas. Por ejemplo, si somos alérgicos a ciertos alimentos o productos, es mejor no entrar en contacto con ellos y, por supuesto, consumirlos. Si el clima frío empeora nuestra piel, protejámonos con ropa (y tejidos adecuados) y evitemos los baños con agua caliente. Tampoco debemos usar productos de cuidado personal que puedan irritar la piel.
- Hidratar la piel. Y es que la hidratación adecuada es esencial para prevenir la dermatitis atópica. La piel seca es más susceptible a la inflamación y picazón, lo que puede empeorar los síntomas de la enfermedad. Por eso hemos de habituarnos a usar una crema emoliente, adecuada para la piel sensible, después del baño o la ducha, cuando la piel aún está húmeda, para ayudar a sellar la humedad en la piel.
- Usar ropa adecuada, no demasiado ajustada y preferentemente de tejidos naturales como el algodón, que es suave y transpirable.
- Mantener la casa limpia, puesto que los ácaros del polvo y otras partículas pueden irritar la piel y empeorar los síntomas de la enfermedad. Hay que prestar especial atención a las alfombras, cortinas, tapicería y ropa de cama, que han de limpiarse con agua caliente para eliminar cualquier ácaro o bacteria.
- Controlar el estrés, realizar prácticas de relajación y dormir lo suficiente, ya que la falta de descanso y un nerviosismo excesivo hacen que sea más difícil controlar los brotes.
Por otra parte, los cuidados diarios más aconsejables incluyen:
- Aplicar cremas emolientes 2-3 veces al día, especialmente después del baño, para mantener la piel hidratada.
- Usar agua tibia en lugar de caliente y limita el tiempo de baño. Puedes añadir avena coloidal al agua del baño para calmar la piel del bebé.
- Utilizar limpiadores suaves, sin jabón, y sin perfumes ni colorantes.
- Identificar y evitar factores irritantes como la ropa de lana o cambios bruscos de temperatura. Lava la ropa con detergentes suaves y asegúrate de que esté bien aclarada.
- Mantener las uñas cortas y limpias para evitar infecciones por el rascado.
- Propiciar un ambiente húmedo, especialmente en invierno con la calefacción, para evitar la sequedad de la piel.
Tratamientos médicos actuales
Los tratamientos actuales se centran en reducir la inflamación, aliviar la picazón y prevenir brotes. Básicamente los especialistas prescriben productos tópicos y sistémicos, fototerapia y alternativas biológicas, según la gravedad de la enfermedad y las necesidades individuales de cada paciente.
- Tratamientos tópicos. Son los más frecuentes en casos leves o moderados.
Principalmente se recurre a cremas emolientes, elaboradas a base de productos como la vaselina, la lanolina, la glicerina o la urea. Consúltanos y te recomendaremos las más efectivas según tu caso.
Además, es común que los dermatólogos prescriban ciertos corticosteroides tópicos, especialmente efectivos para inducir la remisión y controlar los brotes moderados y graves. Actúan reduciendo la inflamación, disminuyendo el prurito, el rascado y la irritación cutánea.
Por su parte, los inhibidores tópicos de la calcineurina (como el Tacrolimus o el Pimecrolimus), también reducen la inflamación y son útiles en áreas sensibles como la cara.
- Corticoides orales o inyectables. Suelen usarse en ciclos cortos para el control agudo de brotes graves, ya que no es aconsejable su empleo a largo plazo por el riesgo de efectos secundarios sistémicos.
- Inmunosupresores, como la ciclosporina, el metotrexato, la azatioprina y el micofenolato mofetilo, que suprimen la respuesta inmunitaria hiperactiva.
- Tratamientos biológicos. Nos referimos a productos como el dupilumab, un anticuerpo monoclonal que se administra por inyección.
- Fototerapia. Se utiliza en las personas que no mejoran con los tratamientos tópicos o que vuelven a presentar brotes rápidamente después del tratamiento. Se trata de una exposición controlada a la luz ultravioleta (UVB de banda estrecha o UVA) para reducir la inflamación y el picor.
- Antihistamínicos: Para aliviar el picor, especialmente por la noche.
- Vendajes húmedos: En casos graves, se aplican corticoides tópicos y emolientes, se envuelven con vendas húmedas y se cubren con gasa seca.
- Tratamiento para las infecciones, como antibióticos tópicos u orales, cuando hay una sobreinfección bacteriana en la piel.
Rutina “antibrotes” y manejo del picor
Para evitar brotes severos, lo más efectivo suele ser una rutina estable que refuerce la barrera cutánea todos los días, incluso cuando la piel está “bien”. En la práctica, esto se traduce en duchas cortas con agua tibia, limpiadores suaves sin perfume y aplicación inmediata de un emoliente generoso tras el baño (la constancia suele pesar más que ir cambiando de producto). También ayuda detectar irritantes frecuentes (detergentes agresivos, lanas, sudor acumulado, cambios bruscos de temperatura) y ajustar hábitos: ropa de algodón, uñas cortas y secado sin frotar.
Cuando el brote ya ha empezado, conviene actuar pronto para cortar el círculo picor-rascado-inflamación: seguir el antiinflamatorio tópico pautado y acompañarlo de hidratación intensiva. En brotes moderados o graves y difíciles de controlar, las curas húmedas o vendajes húmedos (wet wrap) pueden ser una medida de rescate útil, porque combinan hidratación intensa y mejor penetración del tratamiento, y se consideran una técnica eficaz y segura en dermatitis atópica grave bajo supervisión profesional. En casos moderados-graves que no responden bien a tratamientos tópicos, existen opciones avanzadas como dupilumab, un anticuerpo monoclonal que bloquea la señalización de IL-4 e IL-13 y ha demostrado utilidad en dermatitis atópica moderada a grave.
¿Cómo podemos ayudarte desde la farmacia?
Ante todo no hay que desesperar. Aunque se trate de una enfermedad compleja, podemos recomendarte hidratantes específicos para pieles atópicas, limpiadores suaves y productos para aliviar el picor, además de darte consejos sobre cómo evitar desencadenantes, mantener la piel hidratada y elegir el fotoprotector más adecuado.
También vamos a ayudarte a entender el tratamiento prescrito por tu médico y a resolver cualquier duda que tengas sobre la enfermedad. Entre tanto, aquí te dejamos una interesante guía práctica sobre dermatitis atópica.
Y, recuerda: si necesitas un análisis personalizado y pautar una rutina indicada para tu tipo de piel, consúltanos y te asesoraremos sobre los cosméticos más adecuados e indicados para tu caso.
Preguntas frecuentes
¿Es mejor tratar “solo cuando hay brote” o hacer un mantenimiento para evitar recaídas?
En muchas personas funciona mejor un enfoque mixto: rutina diaria constante para reforzar barrera cutánea y, además, tratamiento antiinflamatorio intermitente y pautado en las zonas que tienden a reagudizarse. Este planteamiento “proactivo” con inhibidores tópicos de la calcineurina en mantenimiento (por ejemplo, 2–3 veces por semana en áreas de recaída) se usa precisamente para reducir recurrencias y disminuir la necesidad de corticoide tópico.
¿Cuándo merece la pena plantear vendajes húmedos (wet wrap) y qué precauciones tienen?
Suelen reservarse para brotes intensos o dermatitis moderada-grave como medida de rescate, porque mejoran la hidratación y pueden potenciar el efecto del tratamiento tópico. Aun así, deben hacerse con supervisión y técnica correcta, ya que al aumentar la oclusión pueden elevar el riesgo de efectos adversos (por ejemplo, foliculitis o mayor absorción de corticoide) y se ha descrito tendencia a infecciones cutáneas leves en algunos estudios.
