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Bronquiolitis: Causas, Síntomas y Tratamientos

niño con bronquilitis

¿Sabíais que la bronquiolitis es la principal causa de hospitalización en menores de un año en España? Así es. Según los datos publicados en Redacción Médica, cada año, 1 de cada 3 lactantes puede desarrollar bronquiolitis clínica, especialmente durante la temporada de mayor circulación del virus respiratorio sincitial (VRS), que es el principal causante de esta enfermedad predominantemente infantil. Precisamente por su alta incidencia en los más pequeños y los riesgos que puede acarrear, es primordial prestar atención a los primeros síntomas respiratorios para tratarlos cuanto antes.

¿Qué es la bronquiolitis?

La bronquiolitis es una inflamación de los bronquiolos, provocada por la infección de un virus. Como consecuencia, se produce el edema y necrosis de las células epiteliales de los bronquios más pequeños. Además, estas diminutas vías respiratorias se llenan de mucosidades y se produce esa dificultad para respirar que tan preocupante resulta en los bebés y niños. Y es que es más frecuente en los niños más pequeños (menores de 2 años), y especialmente en los menores de 6 meses, ya que se estima que más de la mitad de los bebés están expuestos a este virus en su primer año de vida.

Aunque puede aparecer en cualquier época del año, el mayor pico de incidencia se produce en los meses de invierno y al comienzo de la primavera (desde noviembre hasta marzo o abril).

Causas y factores de riesgo

Se estima que la bronquiolitis aguda supone el 18% de las hospitalizaciones pediátricas. ¿El principal causante? Como ya hemos mencionado, el virus respiratorio sincitial (VRS) está detrás de aproximadamente el 80% de las bronquiolitis. No obstante, también lo pueden provocar el rinovirus, bocavirus, adenovirus, metapneumovirus y, con menos frecuencia, el virus de la gripe.

El problema es que los virus que causan la bronquiolitis se contagian fácilmente. Y es que se transmite a través de las gotitas en el aire cuando alguien que está enfermo tose, estornuda o habla. También se puede contagiar por objetos compartidos (como menaje, toallas, juguetes…), algo relativamente frecuente entre los más pequeños, que, tras entrar en contacto con el virus, se tocan la nariz, los ojos o la boca, propiciando la infección.

La edad es, de hecho, uno de los principales factores de riesgo. Y es que, por lo general, la bronquiolitis afecta a niños menores de 2 años. Además, los bebés menores de 3 meses corren mayor riesgo de contraer bronquiolitis porque sus pulmones y su capacidad para combatir infecciones aún no están completamente desarrollados.

Otros de los factores que aumentan el riesgo de bronquiolitis son:

  • Nacer prematuramente.
  • Tener una afección cardíaca o pulmonar.
  • Tener el sistema inmunitario debilitado.
  • Estar expuesto al humo de tabaco.
  • Tener contacto con muchos niños (en guarderías, ludotecas, parques…).
  • Tener hermanos en centros educativos o servicios de cuidado infantil (ya que traen la infección a casa).

Síntomas y diagnóstico

Al comienzo, los síntomas de la bronquiolitis son parecidos a los del resfriado común, como el goteo de la nariz o la fiebre moderada. Pero, a medida que empeora, empiezan a aparecer sus característicos síntomas respiratorios: la dificultad al respirar, la tos y las sibilancias (unos sonidos agudos parecidos al silbido). Además, muchos bebés también desarrollan una otitis media, una infección de oído bastante molesta y dolorosa.

Los síntomas de bronquiolitis pueden durar de una a dos semanas, pero a veces duran más tiempo y, lo peor, requieren de hospitalización.

Diferencia entre bronquiolitis y bronquitis

Una de las principales diferencias entre ambas enfermedades es el tamaño del bronquio afectado, además de la edad del paciente. En las bronquiolitis el virus produce la inflamación y la necrosis del bronquio más fino, o bronquiolo; si la infección vírica afecta a las ramificaciones más gruesas, entonces hablamos de bronquitis, más habitual en edades adultas.

Es por eso que el tratamiento es muy similar tanto para una infección como para la otra, con algunas diferencias: en la bronquitis puede ser necesario el uso de medicación inhalada o broncodilatadores de acción corta, mientras que para la bronquiolitis, al afectar a lactantes, no se suele recomendar esta medicación ni el uso de corticoides.

Tratamientos y cuidados en casa

Mucha hidratación, lavados nasales, evitar ambientes secos y con humo, no exponer al bebé a espacios con fumadores… son esenciales en el tratamiento de la bronquiolitis. Y es que, como sostienen los facultativos, no existe un tratamiento específico para el VRS y los medicamentos, como los esteroides y los antibióticos, no ayudan.

Sin embargo, según diversas fuentes médicas, el tratamiento nebulizador -con suero salino hipertónico, adrenalina u otras soluciones- ha demostrado ser eficaz para mejorar el estado de niños afectados por bronquiolitis aguda. No obstante, siempre debe ser el médico (pediatra, médico de familia o neumólogo) quien prescriba su uso y quien debe explicar cómo y cuándo utilizarlo, así como la medicación a nebulizar y su dosis.

Por otro lado, en casa es fundamental ayudar a que nuestro hijo mejore con:

  • La aplicación de una solución salina nasal con succión suave para facilitar la respiración y la alimentación del pequeño.
  • El uso de humidificador de vapor frío para ayudar a disolver la mucosidad y facilitar la respiración del niño.
  • Una posición ligeramente incorporada en la cama o la cuna.
  • La administración de líquidos y alimentación frecuente y menos abundante. Es recomendable aliviar la nariz del bebé antes de intentar amamantarle o alimentarlo con biberón. Y, si el bebé tiene dificultades para alimentarse del pecho, podemos usar el extractor de leche y ofrecérsela en biberón.
  • El uso de analgésicos (como acetaminofén o ibuprofeno) si tiene más de 6 meses, para aliviar la fiebre leve y siempre bajo prescripción médica.

Cuidados posteriores y recuperación completa

Tras superar la fase aguda de la bronquiolitis, es importante mantener una atención constante al estado respiratorio del niño durante las semanas siguientes. Aunque los síntomas suelen desaparecer en una o dos semanas, algunos pequeños pueden seguir presentando tos o dificultad leve para respirar debido a la sensibilidad residual de las vías aéreas. No forzar la actividad física, asegurar un ambiente libre de humo y mantener la habitación bien ventilada son medidas fundamentales para facilitar la recuperación.

Asimismo, es recomendable continuar con una buena hidratación y realizar lavados nasales frecuentes para mantener despejadas las vías respiratorias. En casos donde el bebé haya requerido hospitalización, el pediatra puede pautar revisiones periódicas para vigilar la función pulmonar y descartar complicaciones como episodios de sibilancias recurrentes. Con los cuidados necesarios, la mayoría de los niños se recuperan por completo y retoman su ritmo habitual sin secuelas.

¿Cuándo acudir al médico?

Siendo una enfermedad tan frecuente en lactantes y etapas tempranas, y por tanto tratándose de pacientes especialmente vulnerables, debemos estar muy atentos a la evolución de nuestro pequeño. Y sobre todo a los síntomas respiratorios.

En este sentido, debemos acudir al pediatra si nuestro hijo o nuestra hija:

  • Presenta respiración acelerada o sibilancias.
  • Hace pausas o tiene clara dificultad para respirar.
  • Hunde su pecho al respirar.
  • Tiene las fosas nasales dilatadas.
  • Balancea la cabeza durante la respiración.

También debemos estar alerta si:

  • Se queja con frecuencia o tiene dificultad para dormirse.
  • Presenta síntomas de deshidratación (menos de un pañal mojado cada 8 horas).
  • Tiene piel, labios o uñas cianóticas (de color pálido, gris o azulado).
  • Está especialmente decaído o falto de actividad.
  • Presenta fiebre.
  • O los síntomas no mejoran tras 7 días.

Prevención y medidas de higiene

Al ser una enfermedad vírica, las medidas preventivas y de higiene juegan un papel crucial para evitar posibles contagios. Es aconsejable:

  • Limitar la exposición del bebé a las multitudes, a otros niños y a cualquier persona con resfriado.
  • Practicar una buena higiene de manos durante todo el año, usando agua y jabón y frotando durante al menos 20 segundos.
  • Desinfectar los objetos y las superficies del hogar con regularidad.
  • Evitar ambientes con humo de tabaco u otras sustancias.
  • Alimentar al bebé con leche materna siempre que sea posible.
  • Recurrir a la inmunización. Ya hay disponibles soluciones de anticuerpos -que no vacunas como tal- como Palivizumab o Nirsevimab, pensadas principalmente para los niños con más probabilidad de sufrir una bronquiolitis grave, como los grandes prematuros o los menores con enfermedades de corazón o pulmón.

Como siempre decimos, la detección temprana y la prevención son fundamentales para evitar complicaciones. Pero la buena noticia es que, en los últimos tiempos, se ha dado un paso importantísimo con la aparición de un anticuerpo monoclonal que bloquea la infección por el VRS, lo que ha supuesto una disminución del número de ingresos hospitalarios y la gravedad de los casos.

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Preguntas frecuentes

¿Haber padecido bronquiolitis de bebé aumenta el riesgo de desarrollar asma en el futuro?

Es una de las preguntas que más preocupan a los padres y la evidencia científica apunta a que sí existe una asociación. Los niños que han sufrido bronquiolitis grave por VRS en los primeros meses de vida presentan mayor probabilidad de desarrollar episodios recurrentes de sibilancias y, posteriormente, asma bronquial durante la infancia. Sin embargo, los investigadores aún debaten si el propio virus daña las vías respiratorias en desarrollo o si más bien son los niños con predisposición genética al asma los que tienden a sufrir bronquiolitis más graves, siendo esta relación bidireccional y no necesariamente causal.

¿La lactancia materna protege realmente frente a la bronquiolitis o solo reduce su gravedad?

La lactancia materna ofrece ambos beneficios, aunque con matices. La leche materna transfiere anticuerpos y factores inmunológicos que reducen la probabilidad de infección por VRS y otros virus respiratorios, pero no confiere una protección absoluta. Lo que sí está más claramente respaldado por la evidencia es que los bebés amamantados que contraen bronquiolitis tienden a presentar cuadros menos graves, con menor necesidad de hospitalización y recuperación más rápida. Por eso los pediatras insisten en mantener la lactancia materna exclusiva al menos durante los primeros seis meses, especialmente en bebés con factores de riesgo añadidos.