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Hipertensión arterial: Causas, síntomas y cómo controlarla

médico con un tensiómetro

La OMS estima que hay 1.280 millones de personas con hipertensión arterial en el mundo. Es, sin duda, una de los problemas de salud más conocidos y temidos, ya que hay innumerables estudios que lo relacionan con fallecimientos prevenibles. Pero, a pesar de su alta prevalencia, sigue siendo una enfermedad que no siempre es diagnosticada con la antelación suficiente para evitar otras patologías derivadas.

Por eso hacer un seguimiento frecuente de nuestra presión arterial -lo que todos conocemos como tensión- es de vital importancia para controlarla si no es la más adecuada y, cómo no, prevenir otros problemas de salud relacionados con este ‘asesino silencioso’, como muchos expertos lo han llegado a definir.

¿Qué es la hipertensión arterial y por qué es peligrosa?

Según la Organización Mundial de la Salud, la hipertensión es una condición por la que la presión de la sangre en nuestros vasos sanguíneos es demasiado alta (de 140/90 mmHg o más).

Aunque es un problema bastante frecuente, no siempre es diagnosticado y lo peor es que puede ser grave si no se trata con medicamentos y hábitos de vida saludables. De hecho, la hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo para enfermedades tan letales como el infarto agudo de miocardio y el accidente cerebrovascular, que son las dos principales causas de muerte en el mundo.

Y precisamente porque no siempre presenta síntomas perceptibles es peligrosa. Según la OMS, el 46% de los adultos hipertensos desconocen que padecen esta afección y apenas una de cada cinco personas hipertensas tiene bajo control una enfermedad que está entre las principales causas de muerte prematura.

Si nos centramos en nuestro país, la hipertensión arterial es la enfermedad cardiovascular más frecuente: tres de cada diez españoles (en torno a 14 millones de personas) la padece, según datos de la Sociedad Española de Hipertensión.

Factores de riesgo que aumentan la presión arterial

Muchas cuestiones pueden estar detrás de una presión arterial alta continuada en el tiempo. Hay factores de riesgo modificables y otros no modificables. Entre los modificables se encuentran una dieta poco saludable (rica en sodio y grasas saturadas y pobre en frutas y hortalizas), el sedentarismo, el consumo de tabaco y alcohol, así como el sobrepeso -sobre todo cuando se manifiesta en forma de grasa abdominal- y la obesidad. También hay factores ambientales que aumentan el riesgo de sufrir hipertensión y las enfermedades asociadas a ella, como es la contaminación atmosférica.

Además, hay que tener en cuenta ciertos factores no modificables, como los antecedentes familiares de hipertensión, la edad (ser mayor de 65 años) y la concurrencia de otras enfermedades, como diabetes o nefropatías.

Síntomas de la hipertensión: ¿Cuándo preocuparse?

Como ya hemos dicho, la hipertensión arterial es especialmente peligrosa porque se trata de una enfermedad ‘silenciosa’, que no presenta síntomas especialmente relevantes. Por esta razón, una elevada proporción de las personas afectadas desconocen que sus niveles de tensión son altos y el riesgo que esto implica.

Y, precisamente por esa sintomatología tan poco perceptible, hemos de estar atentos a ciertas señales como:

  • Dolor intenso de cabeza
  • Dolor en el pecho
  • Mareos
  • Visión borrosa o cambios en la visión
  • Ansiedad
  • Dificultad para respirar
  • Náuseas
  • Vómitos
  • Confusión
  • Pitidos en los oídos
  • Debilidad en brazos, piernas, cara u otras zonas
  • Hemorragia nasal
  • O cambios en el ritmo cardiaco

Cómo la dieta influye en la presión arterial

Ya hemos visto que uno de los principales factores de riesgo es una dieta inadecuada. Por eso es importante seguir una alimentación saludable, baja en sodio.

Y es que numerosos estudios han demostrado que reducir la cantidad de sodio en la dieta reduce la presión arterial, tal y como señala la Fundación Española del Corazón. La forma más fácil de reducir la sal en la dieta es no añadirla a los alimentos frescos y evitar el consumo de productos elaborados o precocinados, generalmente ricos en sal. Cubitos de caldo, sopas y salsas envasadas, conservas, encurtidos… están entre los productos que más sodio presentan en su composición. Y por esto es más que recomendable incorporar a nuestra dieta cuantos más productos frescos y naturales, mejor.

Además de reducir el consumo de sal, para tratar y prevenir la hipertensión es importante seguir una dieta rica en fibra (fruta, verdura, legumbre, cereales integrales), pescado y aceite de oliva y baja en grasa (limitando embutidos, quesos, cerdo, ternera, leche entera y pastelería). También debemos evitar el alcohol, el tabaco y las sustancias excitantes, como la cafeína, que suben los niveles de presión arterial.

Tratamientos médicos para la hipertensión arterial

El tratamiento más adecuado para la hipertensión crónica dependerá de muchos factores y cada caso deberá ser estudiado por un facultativo. Entre los medicamentos más habituales para tratar la tensión alta se encuentran:

  1. Los diuréticos, ya que favorecen la pérdida de sodio por la orina. Esto reduce el volumen de sangre que necesita pasar a través de los vasos sanguíneos y reduce la presión arterial.
  2. Los beta-bloqueantes, puesto que tienen una acción cardiodepresora y vasodilatadora. El corazón bombea menos sangre a través de los vasos sanguíneos con cada latido, por lo que la presión arterial disminuye.
  3. Los calcio antagonistas, también con una gran capacidad vasodilatadora.
  4. Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA), porque reducen la presión arterial al ayudar a que los vasos sanguíneos constreñidos se expandan para dejar pasar más sangre.
  5. Los alfa-beta bloqueantes, de acción cardiodepresora y vasodilatadora.
  6. Los agonistas centrales, porque evitan que el cerebro envíe mensajes al sistema nervioso indicando que libere catecolaminas. Esto causa que el corazón no bombee con tanta fuerza y la sangre fluya con mayor facilidad.
  7. Los vasodilatadores, ya que relajan los músculos de las paredes de los vasos sanguíneos, especialmente las arterias pequeñas.

Para muchas personas, la primera opción suelen ser los diuréticos tiazídicos, siempre bajo prescripción médica, mientras que para otras usar diuréticos no es suficiente para controlar la presión arterial. En estos casos, se puede combinar un diurético con un betabloqueante, un inhibidor de la ECA o un bloqueador del receptor de angiotensina. Por eso, en algunas ocasiones, el tratamiento requiere de la combinación de varios medicamentos.

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Cambios en el estilo de vida para controlar la hipertensión

Sin quitar importancia a la función de los fármacos, el mejor tratamiento de la hipertensión es una buena prevención. Hay cambios de hábitos que pueden ayudar a las personas con hipertensión a reducirla y, por supuesto, previenen su aparición en personas sanas.

¿Qué es aconsejable?

  • Comer más frutas y hortalizas
  • Evitar el sedentarismo
  • Hacer alguna actividad física (desde caminar a hacer algún tipo de deporte)
  • Perder peso si se tiene obesidad o sobrepeso
  • Evitar el consumo excesivo de sal (no se deben superar los 2 gramos al día)
  • Evitar los alimentos con grasas trans o saturadas
  • No fumar ni beber alcohol
  • Reducir y gestionar el estrés
  • Medir periódicamente la tensión arterial

Importancia del control y la prevención continua

La hipertensión arterial es una enfermedad crónica que requiere constancia, seguimiento y una actitud activa hacia la prevención y el autocuidado. Medir la presión arterial con regularidad permite detectar cualquier alteración a tiempo y ajustar las pautas de tratamiento según las necesidades del paciente. En este sentido, la implicación personal es tan importante como el control médico: adoptar una alimentación equilibrada, realizar ejercicio de manera habitual y evitar hábitos nocivos como el tabaquismo o el consumo de alcohol mejora notablemente los resultados a largo plazo.

Además, mantener controlados los niveles de colesterol, glucosa y peso corporal contribuye a reducir el riesgo cardiovascular global. La educación sanitaria juega un papel esencial para que las personas aprendan a reconocer los factores de riesgo y a tomar decisiones saludables cada día. Al final, la clave no solo es tratar la hipertensión, sino prevenirla, garantizando así una vida más larga y de mayor calidad.

Mitos sobre la hipertensión: Lo que debes saber

La tensión mínima es la más peligrosa. Nada más lejos de la realidad. Ya que de los dos componentes (diastólica y sistólica) es la presión arterial máxima (o sistólica) la que se relaciona más con las enfermedades cardiovasculares. No obstante hay que prestar atención a ambos valores, porque ambos han de estar en los niveles adecuados.

Algunos tipos de sal son mejores que otros. No importa qué tipo de sal se consuma. El exceso de sodio en la dieta incrementa la presión arterial, causando aproximadamente el 30% de la prevalencia de hipertensión.

Si hay antecedentes de hipertensión en tu familia, la padecerás seguro. No necesariamente. Puedes tener más riesgo de padecerla, pero con unos buenos hábitos se puede trabajar en prevenirla o retrasarla.

Si tomas la medicación no es necesario cambiar de hábitos. Otro mito peligroso, porque es fundamental que se sigan los tres pilares del tratamiento de la hipertensión: alimentación baja en sodio, ejercicio físico y medicación pautada.

Sólo puedo tener hipertensión después de los 40 años. Para nada. Aunque es cierto que la incidencia es mayor después de los 40, las estadísticas indican que cada vez hay más jóvenes que sufren hipertensión arterial.

Algunos medicamentos provocan disfunción sexual. Con los nuevos fármacos disponobles, este tipo de efectos secundarios han desaparecido.

¿Nuestro consejo? Llevar una dieta saludable, hacer ejercicio físico, escuchar nuestro cuerpo, medir con cierta periodicidad nuestra presión arterial -en casa o en la farmacia- y, cómo no, ante cualquier síntoma sospechoso o tensión elevada acudir al médico para tener un diagnóstico lo antes posible.