¿Quién no ha sentido alguna vez ese adormecimiento y posterior sensación de hormigueo en las piernas? Es lo que se conoce como parestesia y, aunque resulta algo molesto, en la mayoría de los casos no es preocupante y se puede prevenir. Eso sí; si sucede con frecuencia o se alarga demasiado en el tiempo es importante consultar a un médico.
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¿Qué es la parestesia?
La parestesia es el nombre médico de esa sensación de hormigueo y adormecimiento en alguna parte del cuerpo, principalmente en las extremidades. La también llamada parestesia nerviosa -por su relación con los nervios periféricos- es un trastorno de la sensibilidad que se manifiesta con sensaciones anormales sin estímulo previo, como ese acorchamiento o entumecimiento de algunas partes del cuerpo, como las manos, pies, brazos o piernas.
En la mayoría de los casos esta sensibilidad anormal es transitoria.Pero también puede ser el síntoma de otras enfermedades o problemas de salud más graves. Y por eso es importante conocer sus causas y cuándo puede ser motivo de preocupación.
¿Qué tipos de parestesia hay?
Según su frecuencia de aparición y la duración de los episodios, la parestesia puede ser:
- Temporal, cuando el adormecimiento de una parte del cuerpo dura unos segundos o minutos. Es la más frecuente entre la población.
- Crónica o patológica, cuando la parestesia se alarga más en el tiempo y ocurre más con más frecuencia. Son las menos habituales y también más preocupantes, porque pueden estar relacionadas con diferentes enfermedades.
Según su localización, la parestesia puede ser:
- Focal, cuando afecta una parte específica del cuerpo. Puede ser causada por una lesión o una compresión nerviosa localizada.
- Generalizada, cuando se percibe en varias partes del cuerpo al mismo tiempo. Habitualmente es consecuencia de afecciones sistémicas, como una neuropatía en los nervios periféricos o la deficiencia de ciertas vitaminas.
Según su causa o su localización, podemos hablar de:
- Parestesia facial, generalmente relacionada con tratamientos o con enfermedades crónicas como la migraña.
- Parestesia por el síndrome del túnel carpiano, por una excesiva presión en el nervio mediano a la altura de la muñeca.
- Por estrés y ansiedad
- Parestesia de Berger. Es la que se siente en la piel y afecta sobre todo a jóvenes y a personas mayores. Suele presentarse en las extremidades inferiores y no tiene causa aparente.
- Sinagesia. Es la sacudida repentina e involuntaria de los músculos de la lengua y suele ser causada por una neuropatía leve, tras episodios traumáticos, etc.
- Parestesia de Bernhardt. Es un trastorno sensitivo en la zona lumbar. Suele darse por exceso de alcohol, una enfermedad infecciosa, diabetes o traumatismos.
Causas de este adormecimiento
Como ya hemos dicho, la mayoría de las veces esta sensibilidad anormal es transitoria y se debe principalmente a la presión que se ejerce en las pequeñas arterias que proporcionan oxígeno y nutrientes a los nervios periféricos del cuerpo. De ahí esa sensación de que la pierna, el brazo… no responde y se nos ha quedado “dormido”. En este caso, la causa más habitual es la postura que adoptamos, como mantener las piernas cruzadas mucho tiempo, sostenemos algo mucho tiempo o nos dormimos con una mano o brazo bajo la cabeza.
Pero, cuando se manifiesta de manera crónica o recurrente, la parestesia puede estar relacionada con otras causas más graves como:
-El dolor neuropático relacionado con enfermedades como la diabetes, lesiones nerviosas por traumatismos o intervenciones quirúrgicas, fibromialgia, infecciones como el herpes zóster o el VIH, enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple, ciertos tóxicos (como la quimioterapia o el alcohol), neuropatías periféricas y radiculopatías como la hernia discal.
- Ansiedad o estrés.
- Migrañas.
- Hipotiroidismo y déficit de vitamina B12, B6, B1 o ácido fólico.
- Ictus.
- Esclerosis Múltiple.
- Encefalitis.
- Mielitis transversa.
- Aneurisma cerebral.
¿Cuáles son los síntomas?
El síntoma más frecuente de la parestesia es el adormecimiento de las extremidades del cuerpo, generalmente brazos y piernas. Además, suele ir acompañado de sensación de entumecimiento de la zona, hormigueo, picazón, sensación de frío, ardor y dificultad para contraer los músculos y usar la zona afectada. Aunque, como decimos, en la mayoría de los casos son parestesias transitorias y los síntomas aparecen y desaparecen en un corto espacio de tiempo.
Si el adormecimiento se extiende progresivamente a otras partes del cuerpo, se padecen problemas para respirar, se pierde sensibilidad en la cara y el torso o se duerme el brazo o la pierna por completo, estaríamos ante las señales de una neuropatía que necesita atención médica.
También debemos estar atentos a la sensación de «alfileres y agujas», ya que es uno de los síntomas más frecuentes y reconocibles en la parestesia de pacientes diabéticos.
Diagnóstico y pruebas médicas
Si el adormecimiento se acompaña de incapacidad para caminar o moverse, incontinencia de esfínteres o hay más partes del cuerpo con estos síntomas, es necesario acudir inmediatamente al médico. Y es que, si la causa del hormigueo que sufrimos es alguna neuropatía o algún otro tipo de patología, es importante mantenerla bajo control para detener la parestesia o evitar su empeoramiento.
La historia clínica, el examen físico y los exámenes de laboratorio son esenciales para el diagnóstico, si bien el médico puede solicitar pruebas adicionales dependiendo de la causa sospechada de la parestesia. Las pruebas médicas más comunes son un análisis de sangre, una electromiografía o una resonancia.
Tratamientos disponibles
El tratamiento principal de la parestesia implica abordar y tratar la causa que la provoca.
- Si el adormecimiento es el resultado de una deficiencia de vitamina B12, se administrarán suplementos de esta vitamina.
- Si es causada por una compresión nerviosa, se puede considerar una cirugía para liberar la presión sobre el nervio.
- En casos de parestesia crónica se pueden recetar analgésicos para aliviar el dolor, antiinflamatorios y otros medicamentos para mejorar la función nerviosa. Además, puede ser recomendable la fisioterapia y el ejercicio físico para evitar el sedentarismo.
- Cuando la parestesia está relacionada con enfermedades como la diabetes o la migraña, lo importante es tratar el problema subyacente para reducir la aparición de parestesia.
- En casos más graves de neuropatías severas, se pueden aplicar infiltraciones de anestésicos locales, corticoides y otras sustancias directamente en el lugar del dolor. Otra opción es la radiofrecuencia focalizada en estructuras nerviosas, en discos y hernias.
Prevención
Para prevenir la parestesia transitoria, lo mejor es mantener una buena higiene postural, llevar una dieta equilibrada y un estilo de vida saludable.
En los casos de parestesia crónica y ligada al dolor neuropático propio de otras enfermedades, la prevención pasa por:
- La terapia física, ya que puede ayudar a mejorar la movilidad y fortalecer los músculos afectados.
- Los cambios en el estilo de vida, con una dieta equilibrada, ejercicio regular y evitando el tabaco y el alcohol.
- El tratamiento continuo de las enfermedades crónicas relacionadas.
- En casos ligados a déficits nutricionales, son muy útiles los complejos de vitaminas B para promover la regeneración de los nervios.
Parestesia y calidad de vida
Aunque en muchos casos la parestesia es leve y transitoria, cuando se vuelve persistente puede afectar de manera considerable la calidad de vida. Las molestias constantes, la pérdida de sensibilidad o el dolor impiden realizar tareas cotidianas con normalidad y deterioran el descanso y la concentración. Además, no es raro que se asocie a un impacto emocional importante, provocando ansiedad o frustración ante la falta de control de los síntomas.
Por este motivo, un enfoque integral que combine el tratamiento médico con apoyo psicológico, fisioterapia y educación en hábitos saludables es fundamental. Aprender técnicas de relajación, mantener una alimentación equilibrada y respetar las horas de sueño contribuyen a reducir los episodios de hormigueo y mejorar el bienestar general del paciente.
