1 de cada 3 adultos españoles padece síndrome metabólico, según el último estudio DARIOS. Es un dato que constata la importancia de prevenir y tratar este conjunto de factores de riesgo que aumentan la probabilidad de padecer una enfermedad cardíaca, un accidente cerebrovascular o diabetes tipo 2. Te explicamos qué es, cuáles son sus causas y síntomas, y qué tratamientos existen hoy día para abordarlo.
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¿Qué es el síndrome metabólico?
El síndrome metabólico -también conocido como síndrome de Reaven o de resistencia a la insulina- es un grupo de variables que incrementa el riesgo de sufrir graves problemas de salud, como enfermedades cardiovasculares y diabetes. Cuando una persona presenta varios de estos factores de riesgo estamos ante un caso de síndrome metabólico.
¿Por qué es tan importante diagnosticarlo? Sin duda por las graves consecuencias de no tratarlo. Según la Federación Española de Diabetes (FEDE), el síndrome metabólico aumenta hasta en cuatro veces el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Dicho de otra forma, las personas con patologías que se caracterizan por la resistencia a la insulina -como la diabetes y la hiperinsulinemia- tienen mayor probabilidad de tener este síndrome.
Causas y factores de riesgo
Respecto a sus causas, hay que tener en cuenta varias cuestiones. Por un lado, muchos investigadores consideran que es una enfermedad genética y, por tanto, hereditaria. Pero de lo que no hay duda es de que la resistencia a la insulina y la obesidad (concentrada sobre todo en la zona abdominal y parte superior del cuerpo) son las causas principales. Y, en cierto modo, están relacionadas.
Las células grasas en el abdomen pueden aumentar las concentraciones de ácidos libres, que afectan al control de azúcar en sangre y por tanto alteran la función que tiene la insulina. Es cuando se produce la resistencia a la insulina, en la medida en que algunas células usan esta hormona de manera poco eficaz, lo cual puede elevar la cantidad de grasa corporal.
Por ello conviene estar atentos a los factores de riesgo para prevenir y tratar el síndrome metabólico. Algunos de ellos, como los antecedentes familiares, los trastornos hormonales o la edad, son incontrolables. Pero muchos sí es posible vigilarlos y reducirlos, como:
- Una dieta poco saludable
- La falta de actividad física
- El exceso de alcohol y tabaco
- Los problemas de sueño
Síntomas y señales a tener en cuenta
Los pacientes que tienen síndrome metabólico rara vez presentan síntomas. Lo cual puede ser un problema para lograr un diagnóstico. Por eso es importante estar atentos a nuestro cuerpo y conocer cuáles son los síntomas para poder tratar el problema si existe.
¿Cuáles son esos síntomas?
- Obesidad central, es decir, un exceso de grasa en la zona abdominal.
- Hipertensión, es decir, una presión arterial de 130/85 mm.Hg. o superior.
- Hiperglucemia: niveles de glucosa en sangre en ayunas iguales o superiores a 150 mg./dl.
- Dislipidemia: Con niveles elevados de triglicéridos (más de 150 mg./dl) y bajos de colesterol HDL o colesterol «bueno» (menos de 40 mg./dl. en hombres y de 50 mg./dl. en mujeres).
¿Signos más perceptibles por el paciente? Tener una circunferencia de cintura grande y padecer los síntomas más habituales de la diabetes, como aumento de la sed y la orina, cansancio y visión borrosa.
¿Y en qué consiste la resistencia a la insulina?
En las personas con resistencia a la insulina, esta hormona secretada por el páncreas no puede hacer su función, que no es otra que facilitar durante la digestión el paso del azúcar a las células para utilizarla como energía.
Este funcionamiento anormal de la insulina se produce tanto en personas con diabetes como con hiperinsulinemia, enfermedades ambas en las que se ve afectado seriamente el control de azúcar en sangre.
¿Por qué es esto tan peligroso? Porque, cuando hay mucha insulina en la corriente sanguínea, suben los triglicéridos, el colesterol malo (LDL) y la tensión arterial, y baja el colesterol ‘bueno’ (HDL). Todo ello hace más difícil que el organismo elimine las grasas de la sangre después de comer, aumenta el riesgo de que se formen coágulos y, en última instancia, de sufrir un infarto de miocardio.
Aumento de la presión arterial
Estrechamente ligado a la resistencia a la insulina está uno de los síntomas más evidentes y preocupantes del síndrome metabólico: la hipertensión. Por eso es frecuente que los pacientes con este síndrome necesiten la administración adicional de medicamentos antihipertensivos. Y es que, dado que el riesgo cardiovascular en estos pacientes es alto, resulta imprescindible hacer un riguroso control de la presión arterial, manteniendo los niveles siempre por debajo de 130/85 mm Hg.
El tratamiento farmacológico y unos hábitos de vida saludables son cruciales para mantener bajo control la hipertensión.
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Impacto del síndrome metabólico en la calidad de vida
Más allá del riesgo cardiovascular, el síndrome metabólico afecta de forma significativa la calidad de vida de quienes lo padecen. La fatiga crónica, las dificultades para mantener un peso saludable y los trastornos del sueño son solo algunos de los efectos que alteran la rutina diaria. Además, la carga emocional que conlleva la gestión de una enfermedad crónica puede derivar en ansiedad o depresión, especialmente cuando el tratamiento requiere cambios profundos en el estilo de vida.
Por todo ello, es fundamental abordar este síndrome desde una perspectiva integral que incluya el apoyo psicológico, el acompañamiento médico y la educación sanitaria. Promover la motivación, la autoconfianza y la adherencia al tratamiento mejora los resultados clínicos y fomenta un bienestar sostenido a largo plazo.
Tratamiento y manejo del síndrome metabólico
Dado que comprende un conjunto de patologías y enfermedades, es prioritario tratarlas. Es decir, si el paciente tiene diabetes, hiperinsulinemia, niveles elevados de colesterol o hipertensión debe recibir el tratamiento farmacológico adecuado para ello.
Fármacos como el fenofibrato y las glitazonas pueden actuar sobre la resistencia a la insulina y, por tanto, prevenir el desarrollo de la diabetes y mejorar las alteraciones que concurren en la alteración del metabolismo de la glucosa. Por otro lado, los fármacos para la diabetes (metformina y glitazonas) y los destinados al tratamiento del colesterol (estatinas) disminuyen la probabilidad de que se produzcan accidentes vasculares.
No obstante, es también importantísimo el abordaje integral del síndrome metabólico para mejorar su pronóstico, reducir el riesgo de complicaciones y brindar más calidad de vida a las personas que lo padecen.
En este sentido, y en paralelo a la medicación que recomiende nuestro médico en cada caso, resulta casi obligado realizar cierto cambios en el estilo de vida, como:
- Bajar de peso llevando una dieta saludable, siempre según las indicaciones y supervisión médica. Perder el 7 % de tu peso corporal puede reducir la resistencia a la insulina y la presión arterial y disminuir el riesgo de diabetes.
- Hacer ejercicio físico de intensidad moderada, como caminar diariamente a paso ligero al menos 30 minutos.
- Llevar una dieta saludable para el corazón, sin grasas saturadas y trans y rica en frutas, verduras, alimentos integrales y carnes magras.
- Reducir el colesterol y la tensión arterial alta con una dieta rica en alimentos saludables.
- No consumir ni tabaco ni alcohol.

Prevención
La prevención y el diagnóstico temprano del también llamado síndrome X resulta fundamental para evitar los muchos riesgos asociados a su desarrollo, en algunos casos letales.
Como ocurre con la prevención de cualquier enfermedad, optar por un estilo de vida saludable puede resultar la mejor forma de evitarla. Esos hábitos saludables incluyen:
- Hacer actividad física al menos 30 minutos la mayoría de los días.
- Mantener un peso adecuado a nuestra edad, sexo y estatura.
- Optar por una dieta saludable, con verduras, frutas, proteínas magras y cereales integrales, y con poca sal y grasas saturadas.
- No fumar y no consumir alcohol ni bebidas azucaradas.
- Controlar el estrés. La actividad física, la meditación, el yoga… mejoran nuestra salud emocional y física.
- Realizarse chequeos médicos regulares para detectar y controlar los factores de riesgo.
