Aunque hayamos estado una buena temporada sin apenas días soleados, la protección solar hace tiempo que dejó de ser un tema propio del verano. Cada vez estamos más concienciados sobre la necesidad de proteger nuestra piel durante todo el año y, por supuesto, hacerlo de la forma correcta. Los dermatólogos recomiendan, ante todo, usar una protección de amplio espectro (UVA/UVB) con FPS 30 o superior. Y, además, elegir el tipo de producto más adecuado a nuestro tipo de piel: geles/toque seco para pieles grasas, cremas hidratantes para pieles secas y soluciones con filtros minerales para pieles sensibles.
Contenidos
- 1 La importancia de proteger tu piel de la radiación UV
- 2 Entendiendo el SPF: ¿Qué significa realmente el número?
- 3 Fototipos: Identifica cómo reacciona tu piel al sol
- 4 Protector solar para piel grasa, seca o sensible: ¿Cuál elegir?
- 5 Texturas y formatos: Brumas, geles, cremas y sticks
- 6 Errores comunes al aplicar el protector y cómo evitarlos
La importancia de proteger tu piel de la radiación UV
La mejor protección es aquella que se usa a diario y se aplica -y reaplica- correctamente. Y es que proteger la piel de la radiación UV es vital, según la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), para:
- Prevenir el cáncer de piel, el más frecuente y de mayor crecimiento en España. El daño producido por los rayos UV es el principal causante de carcinomas y melanomas, siendo crucial protegerse incluso en días nublados o invierno.
Según la AEDV, España ha duplicado las tasas de incidencia del cáncer de piel en las últimas décadas. De hecho, se estima que se diagnostican alrededor de 300 casos de melanoma cutáneo cada mes. Por eso, evitar la quemadura es crucial, ya que el riesgo de melanoma en la edad adulta se duplica si en la infancia o adolescencia se sufrieron quemaduras.
- Evitar el fotoenvejecimiento prematuro, que se materializa en arrugas y manchas. La radiación solar descompone el colágeno y la elastina, provocando el deterioro de la piel y la pérdida de firmeza.
Afortunadamente la población cada vez tiene más conciencia de que la radiación acumulada daña nuestra dermis, que precisamente por ello requiere de una protección solar diaria (SPF 30+) y fotoprotección física (con sombreros y gafas), evitando la exposición directa en las horas centrales del día.
Además, tengamos en cuenta siempre que, aunque el sol ayuda a sintetizar vitamina D, esto se logra con exposiciones cortas, sin necesidad de quemarse. Tampoco debemos olvidar la importancia de la autoexploración de nuestra piel, para vigilar cambios en lunares o manchas o la aparición de lesiones cutáneas de algún tipo.
Entendiendo el SPF: ¿Qué significa realmente el número?
El SPF (Sun Protection Factor) o Factor de Protección Solar en español (FPS) es un índice que informa sobre el nivel de protección que tiene un producto frente a la radiación ultravioleta B (UVB), que es la principal responsable de las quemaduras solares y un factor importante en la aparición de cáncer cutáneo. Para asegurar protección contra el envejecimiento (UVA), busca productos que indiquen ‘amplio espectro’ o el símbolo UVA en un círculo.
Pero, ¿qué significa el número que acompaña al SPF? Exactamente nos dice cuánto tiempo puede estar expuesta la piel al sol sin quemarse. Pero hemos de tener en cuenta que todo dependerá de nuestro fototipo. Por ejemplo, una persona que cuenta con una piel de fototipo I, muy clara y que suele quemarse en 10 minutos, podría estar protegida durante unos 300 minutos (10 x 30) si utiliza correctamente una crema con SPF30. Si se aplica un SPF50, esa misma persona tendría protección teórica durante 500 minutos.
No obstante, esta es una referencia orientativa. La efectividad real depende de múltiples factores, como el tipo de piel, la cantidad de crema aplicada, el sudor, el baño, la fricción con la ropa o la toalla, la hora del día y la intensidad de la radiación UV en cada momento. Pero, lo más importante, es conocer nuestro fototipo, es decir, cuánto tiempo tarda nuestra piel en enrojecer desde que comienza nuestra exposición al sol.
Fototipos: Identifica cómo reacciona tu piel al sol
Cuando hablamos de fototipos, nos referimos a una forma de clasificar la piel según cómo reacciona al sol. La estableció en el año 1975, en un consultorio de la Universidad de Harvard, el dermatólogo Thomas B. Fitzpatrick, que se planteó por qué algunas personas se queman con más facilidad que otras al exponerse al sol.
Esta clasificación se basa en cuánta melanina produce tu piel. La melanina es el pigmento natural que le da color a la piel, el pelo y los ojos, y también actúa como barrera biológica frente a la radiación solar. Cuanta más melanina tienes, más fácil te bronceas y menos te quemas. Y, en base a esa cantidad de melanina, encontramos 6 fototipos de piel, desde la más clara o pálida hasta la más oscura o negra.
Aquí puedes ver la definición de cada fototipo y el tipo de fotoprotección que necesita, según la Fundación de la Piel Sana de la AEDV y en este enlace de la AECC, un Test de evaluación del fototipo de piel.
Protector solar para piel grasa, seca o sensible: ¿Cuál elegir?
Todas las personas, independientemente de nuestro tipo de piel, necesitamos protector solar como parte de nuestra rutina diaria. Incluso cuando hace frío o está nublado, los rayos ultravioleta (UV), que causan el envejecimiento de la piel y el cáncer de piel, pueden penetrar en nuestra dermis. Es decir, tengamos la piel seca, grasa o sensible, necesitamos aplicarnos protector solar cada día. Y muy especialmente en el rostro, que es la zona del cuerpo que siempre queda descubierta.
- Si tenemos la piel seca solemos experimentar tirantez, descamación y líneas finas más notorias. En otras palabras, nuestra piel se vuelve más vulnerable a los efectos dañinos de los rayos UV, así que debemos elegir un protector solar hidratante, con ingredientes como manteca de karité o glicerina, que nos ayudan a combatir esa extrema sequedad. También las productos con FPS y ácido hialurónico, una sustancia que se encuentra naturalmente en la piel y ayuda a retener el agua, puede irnos muy bien, sobre todo si se combina con un agente humectante, que sella la humedad. Consúltanos y podremos orientarte sobre las diferentes marcas y opciones disponibles para piel seca.
- Si nuestra piel es grasa o propensa al acné, con poros obstruidos y exceso de brillo, necesitamos un protector solar con FPS que combata estos problemas. En este sentido, un humectante sin aceite o matificante puede ser la mejor opción. La buena noticia es que muchos protectores solares actuales ya incluyen diferentes combinaciones de ingredientes para el cuidado de la piel, como niacinamida, ceramidas y péptidos. Recordemos que la niacinamida (vitamina B3) es eficaz para combatir el acné y la decoloración que puede dejar, mientras que las ceramidas y los péptidos pueden proporcionar un impulso adicional a las propiedades antienvejecimiento de un protector solar.
Estaremos encantados de ofrecerte la gama de productos específicos. La clave es que no sea comedogénico y reaplicarlo cada 2-3 horas.
- Si nuestra piel es sensible, es mejor que elijamos un protector solar con una formulación mineral, con óxido de zinc o dióxido de titanio, que son inertes y es mucho menos probable que irriten la piel. También debemos evitar los productos con fragancias, ya que pueden irritar la piel.
Texturas y formatos: Brumas, geles, cremas y sticks
La protección solar ya se ha incorporado de lleno a la cosmética. Y es casi fácil encontrar cremas, bases de maquillaje, sérum, etcétera con FPS, con lo cual no tenemos excusa para convertirlo en parte de nuestra rutina diaria. Lo importante es que elijamos la opción que nos resulte más cómoda de usar, para así evitar dejar en el olvido el último protector que hayamos comprado.
- La textura no influye en la eficacia del filtro, pero sí en la comodidad y absorción según las necesidades de la piel. Veamos nuestras opciones:
• La crema suele tener una textura rica, nutritiva e hidratante, así que es la opción ideal para pieles secas o maduras que necesitan un extra de confort.
• Las soluciones fluidas o ultra fluidas, de base acuosa, resultan muy ligeras y de absorción inmediata. Por eso las recomendamos para pieles mixtas a grasas o para quienes buscan un acabado natural.
• El gel o gel-crema ofrece una sensación refrescante y no grasa. También es excelente para pieles muy grasas o con tendencia acneica; el gel-crema equilibra hidratación y ligereza.
• El mousse tiene una textura espumosa y aireada que se extiende fácilmente, ideal para quienes buscan una aplicación rápida.
- El formato que elijamos, por otra parte, nos va a facilitar la aplicación en distintas zonas del cuerpo o situaciones del día.
• El spray o la bruma resultan muy prácticos para el cuerpo o para reaplicar sobre el maquillaje sin tocar el rostro, aunque por supuesto debemos extender el producto con la mano tras pulverizar para asegurar una capa uniforme.
• El protector en stick (barra) está también muy en boga, sobre todo entre las personas que practican deporte, que necesitan protegerse con algo que quepa en un mini bolsillo. Es un formato sólido perfecto para zonas sensibles (nariz, pómulos, labios) o para llevar en el bolso.
• Por el contrario, el protector en loción o leche es más adecuado para cubrir grandes áreas del cuerpo de forma económica y eficiente.
Errores comunes al aplicar el protector y cómo evitarlos
Como nos recuerda la OCU, solemos cometer bastantes errores en cuanto a la protección solar se refiere, pero los más frecuentes y perjudiciales son:
- Pensar que, con protector solar, ya estamos protegidos sin límite. La sobre exposición solar es peligrosa y, si tenemos en cuenta, que solemos usar menos producto del que deberíamos, es importante que:
• Evitemos la exposición en las horas centrales del día.
• Nos pongamos a la sombra.
• Usemos gafas de sol y sombrero y protejamos las zonas más sensibles.
- Usar poca cantidad de protector. Es el fallo más frecuente y, por desgracia, más peligroso. Porque si no somos generosos en la aplicación, con una cobertura adecuada de las zonas expuestas, y con la frecuencia de reaplicación necesaria, la eficacia será muy inferior y estaremos comprometiendo nuestra piel.
Para obtener el nivel de protección indicado en la etiqueta es preciso usar unos 30-40 ml por cada aplicación corporal completa. Recordemos que es importante extenderla también por orejas, cuello, dorso de pies y manos, etc.
- Creer que ‘water resistant’ significa protección tras el baño (o si sudamos mucho). Pues no exactamente. Lo que quiere decir es que el producto mantiene una parte significativa de su capacidad de protección (FPS) tras un periodo de tiempo en el agua. Es decir, puede protegernos durante el baño, pero no se alargará mucho después. Tras habernos secado, habrá que volver a aplicarse protector.
- No repetir la aplicación con frecuencia ni tener en cuenta en qué condiciones estamos usando el protector. De hecho para eso tenemos el FPS de nuestro producto. Para saber cuánto tiempo es efectivo. Además, el sudor, el agua, el viento, etc. también va a afectar -y mucho- a la capacidad de protegernos.
- Pensar que estar moreno nos protege. Es cierto que la melanina ofrece una protección natural, pero no basta por sí sola para bloquear los efectos peligrosos del sol. Por eso, sea cual sea nuestro fototipo o estemos o no bronceados, siempre debemos usar protector.
Cuidar de nuestra piel es cuidar nuestra salud. Así que tengamos siempre protector solar a mano.
