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Cuidados básicos de la piel con rosácea

piel con rosácea

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), más de medio millón de españoles de menos de 55 años sufre problemas crónicos en la piel. Con las bajas temperaturas y el aire seco propios del invierno, se exacerban este tipo de afecciones cutáneas, como ocurre con la rosácea o la dermatitis. Por eso, ahora que arrecia el frío, es muy aconsejable adaptar nuestra rutina diaria de cuidado de la piel para mantener la hidratación e incorporar los activos que ésta necesita en los meses invernales.

Una de las enfermedades cutáneas más comunes es precisamente la rosácea, que se agrava por factores como el sol, el estrés y las temperaturas extremas y que, aunque es crónica, sí cuenta con tratamientos eficaces para controlarla.

Qué es la rosácea y sus principales causas

La rosácea es una enfermedad crónica de la piel que causa inflamación y rojeces faciales, vasos sanguíneos visibles (arañas vasculares), granos similares al acné y sensación de ardor o picazón. En algunos casos, puede causar también engrosamiento de la piel (rinofima en la nariz) y afectar a los ojos (rosácea ocular), provocando sequedad e irritación.

El origen de la rosácea está en la hiperfunción de la glándula sebácea. Es decir, nuestra piel produce demasiada grasa y, como consecuencia, la piel se vuelve más sensible y hay una mayor presencia del demodex, un ácaro que vive de forma natural en la piel, pero que, cuando se encuentra en más cantidad, desencadena una respuesta inflamatoria y una dilatación de los vasos sanguíneos.

Cómo identificar los tipos de rosácea

Como ocurre con otras enfermedades, la rosácea suele confundirse con otros problemas con síntomas similares, como el acné o la dermatitis. Sin embargo, a diferencia del acné, la rosácea no presenta comedones (puntos negros) y suele aparecer a edades más avanzadas. Tampoco hay descamación intensa ni picor como en algunas dermatitis.

Pero, una vez sabemos que la padecemos, lo fundamental es conocer y tratar el tipo de rosácea que nos afecta. Veamos los seis tipos identificados comunmente:

  • La rosácea eritemato-telangiectásica se caracteriza por episodios de rubefacción o enrojecimiento facial. Este enrojecimiento puede ser persistente o exacerbar periódicamente por factores alimentarios (alcohol, algunos alimentos picantes, etc.), emocionales, climáticos (exposición solar, cambios de temperatura), estrés o cosméticos. Otros síntomas pueden ser el edema en las regiones centrales del rostro y la descamación. Es el tipo de rosácea más difícil de controlar.
  • La rosácea pápulo-pustulosa es la más frecuente, sobre todo en mujeres de mediana edad. Se caracteriza por la presencia de pápulas y pústulas en la región central de la cara y alrededor de la boca, la nariz y los ojos. A veces puede confundirse con el acné de la mujer adulta, de origen hormonal, pero a diferencia de éste, en la rosácea pustulosa no encontramos comedones (puntos negros y blancos). Los episodios de rubefacción transitoria son menos frecuentes.
  • La rosácea fimatosa es la única que aparece más frecuentemente en hombres y se caracteriza por la aparición de pápulas, nódulos, engrosamiento de la piel y poros dilatados y taponados por sebo y queratina.
  • La rosácea ocular afecta a párpados, conjuntiva y córnea y provoca desde conjuntivitis hasta blefaritis leve, pasando por afecciones corneales con úlceras, cicatrices y pérdida de visión. Este tipo tiende a detectarse tarde y sus manifestaciones clínicas son molestas y difíciles de tratar.
  • La rosácea granulomatosa se caracteriza por la presencia de pápulas o nódulos amarillos, marrones o rojizos alrededor de la boca, los ojos y las mejillas. Estas lesiones suelen ser menos inflamatorias y en muchas ocasiones se extienden más allá del rostro, lo que no es habitual en el resto de tipos. Por eso algunos dermatólogos la consideran una dermatitis granulomatosa distinta a la rosácea.
  • La rosácea fulminante, o ‘pioderma facial’, es poco frecuente pero se considera la más grave porque aparece de forma súbita y con lesiones muy inflamatorias que suelen dejar cicatrices.

Rutina diaria de limpieza y cuidado

Lo más importante en la rutina de cuidado de las personas que tienen rosácea es reducir al máximo el uso de ciertos productos. No es recomendable utilizar discos de celulosa ni cepillos faciales, porque cualquier utensilio u objeto que apliques a tu rostro puede empeorar la situación; cuanto menos toquemos la piel, mejor.

Por el contrario, para aplicar tus tratamientos es aconsejable que uses tus dedos con suavidad tanto en la limpieza como en la aplicación de cremas o mascarillas.

  • Y empezamos con la limpieza. Como todas las pieles, la limpieza mañana y noche es fundamental en la rutina facial para la rosácea, siempre intentando evitar aplicar mucha agua ni sufrir cambios de temperatura bruscos. La limpieza ha de hacerse suavemente y el secado, presionando y nunca frotando. Los jabones de limpieza han de ser lo menos agresivos posible, lo que implica que no contengan detergentes y tengan un pecha cercano a 5.
  • En cuanto al resto de cuidados, es aconsejable aplicar dermocosméticos específicos, que reducen y previenen el enrojecimiento y combaten los estímulos ambientales que empeoran la rosácea, previniendo en lo posible la inflamación y protegiendo la barrera cutánea. En nuestra farmacia te asesoraremos sobre qué productos son más adecuados para tu rutina diaria, de manera que aseguremos la hidratación de la dermis y la limpieza sea suave y reparadora.
  • Si necesitas usar un exfoliante, recurre a un BHA sin aclarado para calmar la piel. Los BHAs exfolian y reducen el enrojecimiento de la piel seca y con descamaciones.
  • Durante el día, aplica siempre un producto hidratante SPF d30 o superior que contenga dióxido de titanio u óxido de zinc como protector solar. Estos filtros solares minerales son excepcionalmente suaves y eficaces, y son perfectos para la piel con tendencia a la rosácea.
rutina de limpieza para rosácea

Ingredientes que favorecen la piel sensible

Para la piel sensible con rosácea es recomendable usar productos con ingredientes calmantes e hidratantes como la niacinamida, el ácido azelaico, el ácido hialurónico o el aloe vera, que reducen la inflamación, fortalecen la barrera cutánea e hidratan.

¿Qué ingredientes van mejor para el cuidado de la rosácea?

  • La niacinamida (Vitamina B3), ya que calma, reduce la inflamación y fortalece la barrera cutánea.
  • El ácido azelaico, puesto que disminuye la inflamación y el enrojecimiento y puede prevenir la proliferación de bacterias.
  • El ácido hialurónico, que aporta un ‘plus’ de hidratación.
  • El aloe vera, conocido por su poder calmante.
  • El extracto de té verde, ya que tiene propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
  • El bisabolol, porque calma la piel sensible y enrojecida.
  • Las ceramidas, en la medida en que restauran la función de barrera de la piel.
  • La manteca de Karité: Hidrata, calma y mejora la elasticidad.
  • La vitamina C (Ácido Ascórbico) por su poder antioxidante, que ayuda a sanar y equilibrar la piel.
  • Y ciertos aceites, como el de jojoba o cáñamo, que resulta muy hidratantes.

Tratamientos dermatológicos más utilizados

Tal y como explican en el portal web Encara la Rosácea, existen diversos tratamientos, si bien lo fundamental es que nuestro dermatólogo valore también el uso de productos de prescripción médica a combinar con la aplicación de productos cosméticos recomendados.

  • Por un lado, existen geles, pomadas o cremas bajo prescripción médica, que se aplican sobre la piel para tratar el enrojecimiento, las pápulas y las pústulas de la rosácea.
  • En muchos casos, nuestro dermatólogo puede considerar necesario completar el tratamiento tópico con el oral o recurrir exclusivamente al tratamiento oral cuando padecemos una rosácea grave sin resultados con la terapia tópica o que consideran que la terapia tópica puede ser irritante. En estos casos, puede utilizarse la terapia oral en forma de comprimidos o cápsulas.
  • En casos más complejos, puede ser aconsejable recurrir al tratamiento físico con láser y luz pulsada para mejorar el aspecto de los vasos sanguíneos visibles de la rosácea, el enrojecimiento de la piel y el engrosamiento de la misma. De hecho, si el engrosamiento de la piel es importante, puede ser necesario recurrir a procedimientos quirúrgicos.
  • En casos de rosácea grave o con múltiples síntomas, sin resultados con un solo tratamiento, puede ser necesaria una combinación de tratamientos tópicos, orales y físicos.

Errores comunes en el cuidado de la rosácea

Las personas que padecen rosácea deben tener ciertas precauciones tanto en el uso de ciertos productos como en sus hábitos de vida. Utilizar productos irritantes (como el alcohol, o ciertas fragancias), no usar protector solar, lavarse con agua muy caliente o consumir alimentos o bebidas excitantes (como el alcohol o las comidas picantes) suelen empeorar la enfermedad.

¿Qué debemos evitar?

  • Usar productos irritantes -como alcohol, fragancias, sulfitos, sulfatos, hamamelis, mentol o lima- y exfoliantes físicos (con gránulos) o químicos fuertes (glicólico). Tengamos en cuenta que dañan la barrera cutánea.
  • Olvidar la protección solar, incluso en días nublados, agrava la inflamación.
  • Usar agua caliente, ya que dilata los vasos sanguíneos y aumenta el enrojecimiento.
  • No hidratar lo suficientemente. La piel con rosácea necesita hidratación constante para su barrera. Y nos referimos a hidratación tópica e interior, bebiendo a diario suficiente agua.
  • Cambiar de rutina constantemente.
  • Consumir alimentos o bebidas que pueden provocar brotes, como el alcohol, el café, las comidas picantes y procesadas.
  • Exponerse a cambios bruscos de temperatura.

Y, lo más importante, evitemos ‘autodiagnosticarnos’ o ‘automedicarnos’. Ante cualquier sospecha de que tenemos rosácea, lo mejor es visitar a un dermatólogo para un diagnóstico y plan de tratamiento adecuados. En nuestra farmacia estaremos encantados de ofrecerte los productos que te prescriban o que te recomiende el especialista.