La neumonía es una infección que afecta a los pulmones y es especialmente compleja. Y lo peor es que puede provocar complicaciones graves, especialmente en personas mayores, niños pequeños y pacientes con enfermedades crónicas. También es relevante su incidencia, ya que se estima que hay entre 2 y 5 casos por cada 1.000 habitantes.
Por eso, la prevención es fundamental en la población más vulnerable. Según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), más de 100.000 personas son hospitalizadas cada año en nuestro país como consecuencia de una neumonía.
Contenidos
- 1 Qué es la neumonía y cómo se diferencia de una gripe o resfriado
- 2 Causas y factores de riesgo más comunes
- 3 Principales síntomas y señales de alarma
- 4 Medidas de prevención y vacunación
- 5 Posibles complicaciones de la neumonía
- 6 Cuándo acudir al médico o urgencias
- 7 Tratamientos y recuperación en casa
- 8 Preguntas frecuentes
Qué es la neumonía y cómo se diferencia de una gripe o resfriado
Como todos sabemos, la llegada del frío aumenta los casos de enfermedades respiratorias y, con ello, la confusión entre dolencias que, aunque comparten manifestaciones similares, requieren un abordaje médico distinto. Si hablamos de neumonía, estamos ante una infección aguda en uno o ambos pulmones que se caracteriza por una inflamación de los alvéolos, que son pequeños sacos de aire donde se realiza el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono. Al inflamarse, se llenan de líquido o de pus, lo que dificulta la respiración y provoca síntomas como fiebre, tos o dolor torácico. Esta infección puede estar causada por una amplia variedad de microorganismos -como bacterias, virus u hongos- y, aunque su gravedad depende del estado inmunológico del paciente y del tipo de microorganismo implicado, puede llegar a requerir hospitalización si se agravan los síntomas.
La principal diferencia con respecto a la gripe es que ésta es una infección viral contagiosa que afecta principalmente la nariz, la garganta y los pulmones y presenta síntomas más leves (como congestión nasal, tos o fiebre moderada), mientras que la neumonía es una infección de los pulmones y, por tanto, presenta una sintomatología más grave, como tos con mucosidad o incluso sangre, dolor torácico que empeora al toser o inhalar, dificultad para respirar (disnea) y fiebre alta.
Precisamente por tales diferencias, también es completamente distinto el tratamiento. Mientras que la neumonía requiere antibióticos (si es bacteriana), antivirales (si es viral específica), oxígeno, reposo y líquidos, la gripe o el resfriado mejora con reposo, líquidos, y analgésicos como ibuprofeno o paracetamol.
Causas y factores de riesgo más comunes
La infección de los pulmones es debida a la acción de microorganismos, especialmente bacterias y virus respiratorios que invaden el tejido pulmonar. El neumococo (Streptococcus pneumoniae) es la bacteria más común que produce neumonía. Otras bacterias que suelen desembocar en neumonía son Haemophilus influenzae, Mycoplasma pneumoniae o Legionella pneumophila. En cuanto a los virus respiratorios más habituales en los cuadros de neumonía debemos mencionar al de la gripe (Influenzavirus A y B) y el Rinovirus, que son muy frecuentes, sobre todo en invierno.
El riesgo de desarrollar neumonía está influido por factores como la edad, las enfermedades crónicas y los hábitos de vida.
- A partir de los 65 años, el riesgo aumenta exponencialmente a causa del envejecimiento, que debilita al sistema inmunitario. También aumenta este riesgo por los trastornos de deglución y las enfermedades dentales frecuentes en las personas mayores.
- Los pacientes de enfermedades crónicas como la diabetes, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la insuficiencia renal y la insuficiencia cardíaca tienen más posibilidades de verse afectados por una neumonía.
- Lo mismo ocurre con personas que están en tratamiento contra el cáncer o con terapias inmunosupresoras; ellas también tienen un riesgo mucho mayor.
- Tener hábitos tóxicos es otro factor de riesgo especialmente relevante, tal y como destaca la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR). De hecho, el tabaquismo eleva el riesgo de neumonía un 51% y el consumo excesivo de alcohol también incrementa bastante las posibilidades de sufrir la enfermedad.
Pero existen otras muchas situaciones que predisponen a padecer esta grave dolencia respiratoria, como los trastornos neurológicos (enfermedades como la demencia o el ictus), la mala higiene bucal y la exposición a contaminantes. Además, las infecciones bacterianas resistentes a los antibióticos y otras complicaciones -como el choque séptico- agravan el pronóstico.

Principales síntomas y señales de alarma
Diagnosticar la neumonía a tiempo resulta fundamental para prevenir complicaciones que puedan poner en riesgo la vida del paciente. Nos referimos a los dos problemas más graves en que puede desembocar una neumonía: la insuficiencia respiratoria, sobre todo en individuos con patologías cardiacas o respiratorias previas; y la bacteriemia, es decir que los gérmenes pasan al torrente sanguíneo y deriven en un shock séptico.
Por eso es necesario estar muy atento a los síntomas y su evolución. Como ya hemos comentado, los síntomas más comunes son:
- La tos: Generalmente con expectoración de flema que puede ser de color amarillo, verde o incluso con sangre.
- Fiebre y escalofríos: La fiebre puede ser alta o moderada y viene acompañada de temblores y sudoración.
- Dificultad para respirar: Puede manifestarse como respiración rápida, o simplemente al realizar esfuerzos como subir escaleras.
- Dolor en el pecho: Un dolor agudo, punzante u opresivo que empeora al respirar profundamente o toser.
- Náuseas, vómitos, diarrea, dolor de cabeza y fatiga son también comunes.
Medidas de prevención y vacunación
Hay pocas medidas para evitar la aparición de una neumonía, puesto que muchas veces comienza tras un proceso viral o gripal. Sin embargo, la vacunación anual antigripal es recomendable en todas aquellas personas con mayor riesgo (mayores de 65 años, enfermedades bronquiales o pulmonares crónicas, enfermedades renales, cardiacas o hepáticas crónicas).
Por otro lado, la vacunación con vacuna antineumocócica evita la aparición de neumonías con bacteriemia causadas por neumococo. Su uso es recomendable en personas mayores de 65 años o mayores de 2 años con enfermedad cardiovascular o pulmonar crónica; pacientes con alcoholismo, enfermedad hepática crónica, ausencia de bazo por cirugía o traumatismo, o pérdidas de líquido cefalorraquídeo; así como personas con inmunodeficiencias, cáncer generalizado, insuficiencia renal crónica o pacientes trasplantados.
Además, es habitual que las personas que padecen asma, bronquitis crónica o bronquiectasias inicien -bajo prescripción médica, por supuesto- un tratamiento antibiótico cuando aparecen síntomas de infección respiratoria.
No obstante, tanto si formamos parte de un grupo de riesgo como si no, para prevenir el riesgo de padecer neumonía es siempre aconsejable:
-Llevar una vida lo más sana y activa posible.
-Evitar tabaco y alcohol.
-Seguir una dieta saludable y equilibrada.
-Hacer el tratamiento correcto de las enfermedades crónicas como la diabetes.
-Controlar la glucemia.
Posibles complicaciones de la neumonía
Aunque muchas personas se recuperan de la neumonía con el tratamiento adecuado, en algunos casos la infección puede provocar complicaciones que requieren atención médica urgente. Esto ocurre sobre todo en personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas o individuos con el sistema inmunitario debilitado. Por ello, es fundamental seguir correctamente el tratamiento indicado y realizar un control médico durante la recuperación.
Entre las complicaciones más frecuentes se encuentra el derrame pleural, que consiste en la acumulación de líquido alrededor de los pulmones; también pueden aparecer abscesos pulmonares, que son acumulaciones de pus dentro del tejido pulmonar. En los casos más graves, la infección puede extenderse al torrente sanguíneo y provocar una sepsis. Detectar a tiempo cualquier empeoramiento de los síntomas y mantener un seguimiento médico adecuado permite reducir el riesgo de complicaciones y favorecer una recuperación completa.
Cuándo acudir al médico o urgencias
Para saber cuándo acudir al médico es primordial prestar atención a la sintomatología que se presenta y, también, a su duración. Debemos acudir al médico:
- Si hay tos persistente con una duración superior a las 2 semanas, que no responde al tratamiento y que no muestra mejoría alguna.
- Si percibimos ‘ruidos’ en el pecho cada vez que se respira y que no son puntuales, sino que se mantienen con el paso de los días.
- Si sentimos dolor en el tórax.
- Si notamos dificultad en la respiración
- Si tenemos fiebre, aunque sea moderado.
Si pasamos de síntomas a señales más alarmantes, es imprescindible buscar atención médica urgente. Nos referimos a situaciones como:
- Dificultad para respirar con normalidad, respiración muy rápida o sensación de ahogo.
- Confusión, desorientación o falta de atención, especialmente en adultos mayores.
- Coloración azulada en los labios o la piel; indican falta de oxígeno.
- Dolor en el pecho intenso, que empeora con cada respiración.
- En bebés y niños pequeños, hemos de estar muy atentos a señales de alarma como la dificultad para alimentarse, la inquietud, la falta de energía o un tono azulado en la piel.
Tratamientos y recuperación en casa
Para tratar la neumonía en casa, es fundamental seguir las indicaciones médicas, que generalmente incluyen descansar lo suficiente, beber muchos líquidos y completar el tratamiento antibiótico recetado. Cuidarse ahora es fundamental. Y eso incluye:
- Descansar y evitar actividades extenuantes.
- Hidratarse abundantemente con agua, zumos o infusiones, para fluidificar las secreciones en los pulmones y facilitar su expulsión.
- Evitar el alcohol y el tabaco.
- Aliviar la fiebre y el malestar muscular con analgésicos pero siempre bajo supervisión médica.
- Hacer respiraciones profundas cada pocas horas y utilizar un humidificador con agua caliente puede aliviar la tos y tratar la congestión. Los lavados nasales con suero fisiológico también son útiles.
En cualquier caso, es vital consultar a un médico para obtener un diagnóstico y tratamiento adecuados. Y, si los síntomas no mejoran o empeoran tras unos días, acudir cuanto antes a urgencias.
Preguntas frecuentes
¿Puede una neumonía no tratada evolucionar a insuficiencia respiratoria incluso después de varios días sin síntomas graves?
Sí, la neumonía puede agravarse de forma súbita incluso si inicialmente los síntomas parecen moderados. La infección puede extenderse progresivamente por el tejido pulmonar, reduciendo la capacidad de intercambio de oxígeno. En personas con patologías cardiacas o respiratorias previas, este deterioro puede ser más rápido. Por eso es fundamental el seguimiento médico durante todo el proceso, aunque los primeros días parezcan manejables, ya que la insuficiencia respiratoria puede desarrollarse de manera inesperada si la infección no se controla adecuadamente.
¿Qué papel juega la higiene bucal en la prevención de la neumonía y por qué es tan importante en personas mayores?
La mala higiene bucal permite la acumulación de bacterias patógenas en la boca que pueden ser aspiradas hacia los pulmones, especialmente durante el sueño o en personas con trastornos de deglución. En adultos mayores, este riesgo se multiplica porque suelen tener problemas dentales, menor producción de saliva y dificultades para tragar correctamente. Mantener una buena higiene oral mediante el cepillado regular, el uso de enjuagues antisépticos y revisiones dentales periódicas reduce significativamente el riesgo de que estas bacterias lleguen al tracto respiratorio inferior y provoquen una neumonía.
