Nuestro cuerpo percibe los cambios estacionales. Y el otoño especialmente. ¿Por qué? Porque es probablemente la estación en la que el cambio de temperatura y humedad se hace más evidente. Y esa transición del calor y el frío se nota de manera muy particular en la piel. Nuestra rutina de cuidado necesita un giro hacia fórmulas más nutritivas, protectoras y pensadas para cuidar la barrera cutánea.
En este sentido, aumentar la hidratación, seguir usando protector solar diariamente, usar limpiadores faciales no agresivos y proteger las zonas sensibles, como labios y manos, y seguir una alimentación rica en frutas, verduras y líquidos, se hace indispensable.
Contenidos
- 1 Por qué cambia la piel en temporadas frías
- 2 Rutina de limpieza adaptada al frío
- 3 Hidratación intensiva: productos recomendados
- 4 Protección solar también en invierno
- 5 Cuidados específicos para labios y manos
- 6 Ajustes para otoño e invierno
- 7 Cuidados nocturnos para reparar
- 8 Preguntas frecuentes
- 8.1 ¿Es recomendable cambiar completamente los productos de cuidado facial al entrar en otoño o se pueden combinar con los de verano?
- 8.2 ¿Los humidificadores en casa realmente ayudan a prevenir la sequedad cutánea o es más importante la hidratación desde dentro?
- 8.3 ¿La exfoliación frecuente durante el invierno puede empeorar la sensibilidad de la piel en lugar de mejorarla?
Por qué cambia la piel en temporadas frías
La piel cambia en temporadas frías porque la vasoconstricción reduce el flujo de oxígeno y nutrientes. Como consecuencia de ello se produce una acumulación de células muertas y un descenso de agua en la dermis y eso se traduce en una tez apagada. Además, la disminución de la producción de sebo altera esa barrera cutánea que tan importante es.
A esto hay que sumar otros factores que inciden directamente en el estado de nuestra dermis. La bajada de las temperaturas, una menor humedad en el ambiente, el viento, los cambios constantes entre el frío en el exterior y el calor de los espacios interiores, el abuso de duchas con agua muy caliente… alteran la capa lipídica y provocan la pérdida de componentes esenciales de la piel.
Es por ello que en otoño e invierno nuestra piel puede verse afectada por deshidratación, sequedad, descamación, irritación y, por extensión, agravar afecciones cutáneas como el eccema. Y es que, como sostienen desde la Academia Española de Dermatología, también existe un calendario de la piel, en la medida en que el cuidado que necesita nuestra dermis cambia según el momento del año. En otoño, de hecho, el objetivo es recuperar la piel después de la radiación solar estival. ¿Cómo? Con limpieza suave, hidratación intensiva y protección, tal y como vamos a ver a continuación.
Rutina de limpieza adaptada al frío
Realizar una limpieza profunda por la mañana y por la noche es fundamental para eliminar impurezas y células muertas. Y ahora es especialmente importante, porque nos ayudará a recuperar la tersura y vitalidad de la piel.
Es importante que elijamos limpiadores suaves, que se adapten a nuestro tipo de piel. Para una piel seca, es necesario optar por un limpiador que ayude a la piel a ser más receptiva a las cremas y sérums que usemos a continuación. Para pieles grasas o propensas al acné, elegiremos limpiadores suaves que, además de eliminar impurezas, controlen la producción de sebo.
Hemos de tener en cuenta que en esta época del año la piel ya no transpira tanto, por lo que puede ser aconsejable incluso usar un tónico o un agua micelar para la limpieza cutánea.
Además de la limpieza diaria, en este momento del año es más que necesario incorporar a nuestra rutina una exfoliación semanal. El viento, el sol, el frío provocan… contribuyen a la acumulación de células muertas en la piel. Y por eso debemos realizar una exfoliación regular -tanto en el rostro como en el cuerpo- con un producto suave, que ayude a la regeneración de la dermis y facilite la absorción y acción de la crema hidratante, imprescindible ahora más que nunca. Es una buena opción utilizar un exfoliante suave con ácidos alfa-hidroxiácidos (AHA) o beta-hidroxiácidos (BHA), para eliminar las células muertas y mejorar la textura de la piel.
Además, es muy importante que:
- No usemos el agua caliente, aunque nos apetezca por la bajada de las temperaturas. Si abusamos de ello, corremos el riesgo de eliminar los aceites naturales de la piel, dejándola más seca y vulnerable de lo que ya está tras el verano.
- Evitemos la higiene excesiva: si bien es cierto que resulta importante mantener la piel limpia, no es conveniente excederse en el uso de jabones ni abusar del agua caliente, que afecta la epidermis.
Hidratación intensiva: productos recomendados
Como hemos comentado más arriba, la hidratación es prioritaria en estos meses, ya que la barrera cutánea se ve seriamente debilitada. Así que es importantísimo elegir ahora una crema hidratante más rica y emoliente, que pueda retener la humedad. Nos referimos a cremas y bálsamos más densos, con componentes como ácido hialurónico, manteca de karité, glicerina, urea, ceramidas y factores naturales de hidratación (NMF), que ayudan a reparar la barrera de la piel y retener la hidratación.
No obstante, para asegurarnos de que nuestra piel está correctamente hidratada, no basta con incluir en nuestra rutina de cuidado facial principios activos humectantes sino que también es necesario fortalecer nuestra barrera cutánea, especialmente en zonas donde ésta es más débil, como el contorno de los ojos.
Productos como los de las marcas CeraVe, Avene, Clinique, La Roche-Posay y Weleda son buenas opciones; las aplicaremos tras la limpieza tanto en la mañana como en la noche.
También es aconsejable incorporar a nuestra rutina matutina, antes de la crema hidratante, un sérum con vitamina C o antioxidantes para combatir el daño solar del verano y preparar la piel para el invierno. Tengamos en cuenta que aplicar sérums hidratantes antes de nuestra crema habitual nos ayudará a potenciar la hidratación. Además, podemos añadir una mascarilla ultrahidratante de aplicación semanal, para restaurar la humedad y nutrir profundamente su piel, ayudándola a mantenerse suave y flexible.
Y, por supuesto, no olvidemos el resto del cuerpo. No sólo nuestra cara necesita cuidados extra. Así que usemos cremas ricas en ceramidas en todo el cuerpo para evitar la sequedad, especialmente en zonas como los codos, las rodillas y los pies.
¿Consejos adicionales?
- Mantener una buena hidratación, bebiendo suficiente líquido.
- Incluir en nuestra dieta alimentos ricos en ácidos grasos saludables, como el aguacate, las nueces y el pescado.
- Evitar el uso excesivo de la calefacción y utilizar un humidificador para evitar que nuestra piel se reseque.
Protección solar también en invierno
Aunque los días sean más cortos, sigue siendo importante proteger nuestra piel contra los rayos UV. Y es que, aunque no la percibamos como en otras estaciones, la exposición al sol en invierno sigue provocando daño en las células de la piel, rompiendo el colágeno y elastina, lo que lleva a la flacidez y arrugas a largo plazo.
Por eso, es imprescindible que utilicemos un protector solar adecuado para nuestro tipo de piel y, si tenemos la dermis especialmente sensible, apliquemos cremas antimanchas de alta protección. Es aconsejable recurrir a fotoprotectores con un FPS de 30 o más y aplicarlo en las áreas descubiertas de la piel, como el rostro y las orejas.
Una alternativa bastante práctica es el uso de BB o CC creams con protección solar o protectores solares con color, puesto que, por un lado, actúan como barrera frente a los rayos UVA y UVB y previenen daños como manchas o arrugas y, por otro, cumplen una función de maquillaje, al unificar el tono de la piel, disimular imperfecciones y proporcionar un aspecto natural y saludable.
Tengamos también muy en cuenta la protección solar si realizamos actividades al aire libre, sobre todo si practicamos deportes de invierno o pasamos tiempo en la montaña.
Cuidados específicos para labios y manos
Con los labios y las manos, hablamos de la misma atención o más, si cabe. ¿Por qué? Porque, al estar más expuestas, son las primeras zonas afectadas por la sequedad y la deshidratación del otoño. Y, en muchos casos, no les damos tanta importancia como al rostro.

- En el caso de los labios, lo mejor es el tándem de exfoliación e hidratación. Es aconsejable que usemos con asiduidad, una o dos veces por semana, un producto exfoliante a base de azúcar o incluso un cepillo de dientes suave para eliminar las células muertas de la piel que los cubre. Y, por supuesto, debemos aplicar un bálsamo labial varias veces al día masajeando suavemente.
- Las manos, por su parte, están expuestas a muchos productos que pueden irritarlas y secarlas con mucha facilidad. Y si a eso le sumamos la sequedad de la llegada del otoño-invierno, la necesidad de cuidados se triplica. Es una de las primeras zonas del cuerpo en mostrar signos de envejecimiento; así que acostumbrémonos a tener siempre al alcance una crema nutritiva rica en ingredientes como manteca de karité, vitamina E o aloe vera para mantener la piel suave y protegida.
Ajustes para otoño e invierno
En los meses fríos suele funcionar muy bien simplificar la rutina y priorizar la barrera cutánea: menos exfoliación, más reparación. Si notas tirantez o descamación, reduce la frecuencia de AHA/BHA o retinoides (aunque los toleres en verano) y compensa con una crema más nutritiva y constante, porque el frío y la calefacción favorecen la sequedad y la irritación.
También conviene revisar hábitos que parecen inofensivos, pero resecan mucho: duchas largas y con agua muy caliente, limpiadores espumosos agresivos o lavados repetidos. La recomendación habitual de los dermatólogos es usar agua templada, secar sin frotar y aplicar la hidratante justo después, “con la piel aún ligeramente húmeda”, para mejorar la retención de agua y reducir la pérdida transepidérmica.
Cuidados nocturnos para reparar
Como ya sabemos, la noche es un momento clave para la recuperación de nuestro cuerpo y nuestra piel. Por eso los cuidados deben ser muy específicos en este momento del día e incluir:
- Una limpieza profunda, con un producto suave pero que permita eliminar el maquillaje, el protector solar y la contaminación acumulada durante el día, sin irritar ni resecar la piel.
- Un tónico hidratante, sin alcohol y con ingredientes humectantes y calmantes para reequilibrar el pH de la piel después de la limpieza.
- Exfoliación (1-2 veces por semana). Ya lo hemos comentado antes. Es importante realizar una exfoliación suave con un producto que contenga ácidos como el salicílico (BHA) o el glicólico (AHA) para eliminar las células muertas y estimular la renovación celular, mejorando la luminosidad.
- Regeneración de la dermis con un sérum con activos como el ácido hialurónico, para hidratar en profundidad y aportar minerales, o los péptidos y el retinol, para reparar la piel y favorecer la restauración celular.
- Hidratación y nutrición, con una crema o sérum que contenga ceramidas y lípidos, que fortalecen la barrera cutánea.
- Cuidado de ojos y labios, con productos hidratantes y nutritivos que ‘trabajen’ durante la noche.
Como vemos, adoptar cuidados específicos durante esta temporada es fundamental para mantener una piel saludable y protegida. ¡Vamos a por el otoño!
Preguntas frecuentes
¿Es recomendable cambiar completamente los productos de cuidado facial al entrar en otoño o se pueden combinar con los de verano?
No es necesario cambiar completamente todos los productos al entrar en otoño, pero sí conviene ajustar la rutina hacia fórmulas más nutritivas y ricas. Puedes mantener productos básicos como el limpiador o el sérum si funcionan bien para tu piel, pero es aconsejable cambiar la crema hidratante por una más densa y emoliente que refuerce la barrera cutánea. También puedes seguir usando algunos productos ligeros del verano en las capas iniciales y añadir encima cremas más nutritivas. La transición gradual permite que la piel se adapte sin cambios bruscos, especialmente si tienes piel sensible o reactiva. Lo importante es observar cómo responde tu piel y ajustar según sus necesidades.
¿Los humidificadores en casa realmente ayudan a prevenir la sequedad cutánea o es más importante la hidratación desde dentro?
Los humidificadores son efectivamente útiles para prevenir la sequedad cutánea porque mantienen la humedad ambiental, especialmente en espacios con calefacción que resecan el aire. Cuando el ambiente tiene humedad adecuada, la piel pierde menos agua por evaporación y mantiene mejor su hidratación natural. Sin embargo, funcionan mejor cuando se combinan con hidratación interna mediante el consumo suficiente de líquidos y una alimentación rica en ácidos grasos saludables. Usar solo humidificadores sin hidratar desde dentro o sin aplicar cremas hidratantes no será suficiente. La mejor estrategia combina los tres aspectos: ambiente húmedo, hidratación oral y productos tópicos adecuados para crear una protección integral.
¿La exfoliación frecuente durante el invierno puede empeorar la sensibilidad de la piel en lugar de mejorarla?
Sí, exfoliarse con demasiada frecuencia durante el invierno puede debilitar aún más la barrera cutánea y aumentar la sensibilidad, irritación y sequedad. Aunque eliminar células muertas es importante, hacerlo más de una o dos veces por semana puede eliminar también los lípidos protectores naturales que la piel necesita para defenderse del frío y la sequedad. Si notas enrojecimiento, ardor o descamación excesiva después de exfoliar, es señal de que estás haciéndolo con demasiada frecuencia o usando productos muy agresivos. En pieles especialmente secas o sensibles durante el invierno, puede ser suficiente exfoliar solo una vez cada diez días con productos muy suaves que contengan ácidos en baja concentración.
