Según datos oficiales, los dolores muscular y el articular son bastante comunes entre los españoles. De hecho, los trastornos de origen muscular constituyen la primera causa de dolor crónico en nuestro país. Se estima que las consultas por afecciones osteomusculares en España suponen en torno a un 33 % del total de las realizadas en atención primaria por la población adulta.
Causados por gran variedad de factores, como lesiones, contracturas, enfermedades crónicas, sobrecarga física o el desgaste propio de la edad, su tratamiento va a depender de la causa subyacente. Pero, afortunadamente, existen soluciones efectivas para su alivio, como ejercicios de estiramiento y fortalecimiento, aplicación de frío y calor, medicamentos antiinflamatorios, terapia física y masajes y, como ya sabemos, geles y otros tratamientos tópicos que ayudan a mejorar los síntomas.
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¿Qué son los geles analgésicos?
Para el alivio del dolor muscular y articular, resultan muy eficaces las cremas y geles tópicos con efecto analgésico. Los hay que contienen AINEs (Antiinflamatorios No Esteroideos) como el diclofenaco y los llamados de acción natural, que usan extractos botánicos como el árnica, la cayena o el mentol, que pueden ayudar a reducir la sensación de dolor y la inflamación en la zona afectada. Estos productos se aplican directamente sobre la piel y proporcionan un alivio temporal.
También existen geles de efecto frío o calor y cremas de masaje, muy adecuadas para masajes terapéuticos.
Tipos de dolor muscular y articular
El dolor muscular y articular puede ser un síntoma de diversos problemas de salud que afectan a nuestro cuerpo. El sobreesfuerzo físico, la falta de actividad física, la mala alimentación, la deshidratación y la falta de sueño adecuado pueden estar detrás de ello, pero también ciertas enfermedades crónicas pueden provocar dolor en los músculos y las articulaciones.
Por eso es importante saber a qué tipo de dolor muscular o articular nos enfrentamos. Y lo primero que hemos de distinguir es el dolor muscular del articular. El dolor muscular suele estar relacionado con lesiones, traumas, sobrecarga, tensión o estrés, según datos de la Encuesta europea de salud en España. Puede afectar a uno o varios músculos y, por lo general, no reviste gravedad y es limitado en el tiempo. Por eso, podemos distinguir entre:
- Dolor relacionado con la actividad muscular, que puede aparecer durante el ejercicio físico en sí o poco después. Es el caso de la contractura o rigidez muscular, los calambres, esguinces, la tendinitis, las distensiones… Estas lesiones pueden ser causadas por muchas situaciones, desde una mala técnica hasta una sobrecarga de entrenamiento o un golpe, y pueden afectar a cualquier parte del cuerpo. Estirar y calentar adecuadamente antes de la actividad física, usar calzado adecuado, seguir una dieta equilibrada y variada, y aumentar gradualmente la intensidad y duración del entrenamiento nos ayudará a prevenir muchos de estos dolores musculares.
- Dolor por malos hábitos, fundamentalmente posturales y por estrés. Tener una postura incorrecta es una de las principales causas del dolor muscular. Pasar muchas horas sentado frente a un ordenador o trabajar de pie y con posturas inadecuadas, puede provocar una tensión excesiva en nuestros músculos. En este sentido, tomar medidas de higiene postural y, cómo no, prevenir el estrés y la ansiedad con técnicas de relajación y ejercicio regular, pueden ayudar a reducir la tensión emocional y, en consecuencia, prevenir o aliviar el dolor muscular.
- Dolor no relacionado con la actividad muscular, como ocurre con el provocado por virus como la gripe (que causa principalmente dolor y rigidez), por trastornos como la fibromialgia, que se caracteriza por ocasionar dolor muscular generalizado, o por afecciones menos comunes como la polineuropatía, la polio o el tétanos.
El dolor articular o artralgia puede ser, sin embargo, un síntoma de enfermedades autoinmunes (lupus, artritis reumatoide), procesos infecciosos, trastornos metabólicos (gota), alteraciones musculoesqueléticas (bursitis, tendinitis, condromalacia rotuliana, lesiones o fracturas), enfermedades degenerativas, etc.
En función del número de articulaciones afectadas puede ser monoarticular (una), oligoarticular (de dos a cuatro) o poliarticular (más de cuatro) y, según sus características, estaremos ante:
- Un dolor inflamatorio o artritis, que se caracteriza porque mejora con el movimiento y empeora con el reposo.
- Un dolor mecánico o artrosis, que, al contrario que la artritis, empeora con el movimiento y mejora con el reposo.
- Un dolor neuropático, que se acompaña de hormigueo, entumecimiento y otros síntomas de tipo nervioso.
Principales ingredientes activos de estos geles
Los geles para el dolor muscular y articular contienen ingredientes activos que penetran en la piel para actuar sobre los músculos y articulaciones inflamados o doloridos, proporcionando un alivio rápido y localizado. Los más usados son:
- Los geles con AINEs (Antiinflamatorios No Esteroideos). Estos geles contienen un ingrediente activo que penetra la piel y alivia el dolor y la inflamación. El diclofenaco es un principio antiinflamatorio común en estos geles, entre los que encontramos productos tan conocidos como, Voltadol Forte Gel o Flogoprofen Gel, ambos indicados para el alivio del dolor muscular y articular, la inflamación y la hinchazón.
- Los geles de acción natural, que utilizan extractos botánicos con propiedades analgésicas y antiinflamatorias como la árnica, el eucalipto, la menta o el romero. Geles como Fisiocrem Gel Active (para contracturas, esguinces y contusiones) o Pranarôm Spray, con aceites esenciales, están indicados en molestias provocadas por las actividades deportivas.
- Los geles con Efecto Frío/Calor. Los de efecto frío pueden ser útiles en caso de inflamación, mientras que los de efecto calor suelen ser utilizados para preparar músculos y ligamentos antes del esfuerzo. Ejemplos: Nociceptol o Pranarôm Gel Crema Articulaciones y Músculos Bio
Tampoco podemos olvidar la efectividad de los geles con CBD (cannabidiol), que pueden tener propiedades analgésicas, y los geles de masaje, especialmente indicados para masajes terapéuticos, otra solución a este tipo de dolor.
Qué gel elegir según tu dolor
Para dolor musculoesquelético agudo leve o moderado (golpes, esguinces, sobrecargas), los geles con AINE tópicos como diclofenaco o ketoprofeno son de las opciones con mejor evidencia, porque reducen dolor e inflamación de forma local y con menos efectos adversos sistémicos que los antiinflamatorios orales. En artrosis de mano o rodilla, también se recomiendan AINE tópicos usados de forma continuada durante semanas, ya que pueden aliviar el dolor en una parte relevante de pacientes.
Si el dolor es más crónico o con componente “urente” o neuropático, las cremas con capsaicina (derivada del pimiento) pueden ser útiles, especialmente en artrosis, aunque suelen provocar escozor al inicio y su efecto no es inmediato: a veces tarda hasta un par de semanas en notarse. En cambio, los geles “naturales” (árnica, mentol, aceites esenciales) o los de efecto frío/calor pueden aportar sensación de confort y alivio temporal, pero conviene tener claro que, cuando hay inflamación importante o lesión aguda, suelen quedarse como complemento y no sustituyen un antiinflamatorio tópico bien indicado.
Cómo aplicarlos y precauciones
Este tipo de geles se caracterizan porque son fáciles de aplicar, se absorben rápidamente y proporcionan una sensación agradable en la piel, aportando alivio y confort al instante. De hecho, suelen ofrecer un alivio rápido ya que los ingredientes activos llegan directamente a la zona afectada sin necesidad de ser procesados por el sistema digestivo, como ocurre con los medicamentos orales. Además proporcionan un efecto localizado, lo que minimiza los posibles efectos secundarios y maximiza la eficacia.
Los geles tópicos para el dolor suelen ser seguros para el uso prolongado, pero conviene tener en cuenta cómo y cuándo aplicarlos:
- Asegúrate de que la zona está limpia, para facilitar la penetración del producto.
- Aplica una cantidad moderada; un exceso puede dificultar la absorción. Guíate por el prospecto del gel o las indicaciones de tu médico o farmacéutico.
- El masaje es importante. Conviene presionar la zona con movimientos circulares hasta que el producto sea totalmente absorbido. De esta forma estimulamos la circulación local y mejoramos el drenaje.
- Aplícalo con la frecuencia adecuada. La mayoría de fórmulas permiten entre 2 y 3 aplicaciones al día, pero sigue siempre las indicaciones.
- Evita el contacto con ojos y mucosas; lávate las manos tras cada aplicación.
- No apliques el gel sobre heridas abiertas o la piel dañada, para prevenir irritaciones o infecciones.
- No combines nunca varios productos con principios activos diferentes y, si vas a combinar el gel con calor (manta eléctrica, bolsa térmica o similar), aplica primero el gel y espera a su completa absorción.
Si tienes la piel especialmente sensible, es más que recomendable que hagas una prueba de tolerancia en una pequeña zona. Y, por supuesto, en caso de embarazo, lactancia o si tomas medicación anticoagulante, consulta antes de usar este tipo de geles. En nuestra farmacia te orientamos siempre sobre lo más adecuado según tu caso.
Complementos a los geles: ejercicio, calor, masajes
Siempre hablamos de la importancia de la prevención y llevar unos hábitos saludables. Y en este caso no iba a ser menos, ya que para combatir el dolor articular y muscular también es necesario escuchar nuestro cuerpo y actuar en consecuencia. Junto al uso de geles o cremas para el alivio rápido, resulta muy útil:
- Realizar ejercicio físico suave y adaptado a nuestra edad y tipo de dolor. Es crucial para mantener la movilidad de tus articulaciones y mantener un buen tono muscular. Por eso, los ejercicios de bajo impacto -como la natación, la bicicleta o el pilates- resultan adecuados en la mayoría de los casos.
- Hacer una dieta antiinflamatoria. Los alimentos ricos en omega-3, fibra y antioxidantes, el pescado fresco, las verduras de hoja verde… son especialmente recomendables.
- Practicar técnicas de relajación es otro ‘tip’ más que aconsejable para prevenir y tratar el dolor, sobre todo muscular, muy relacionado con la tensión acumulada.
- Aplicar frío o calor según el caso. El frío reduce la hinchazón y la inflamación, mientras que el calor ayuda a relajar los músculos y mejorar la circulación sanguínea. Por eso, si tienes rigidez muscular y dolor después de hacer ejercicio, aplicar frío (con una bolsa helada o de guisantes congelados vale) vendrá muy bien. Por el contrario, si tu dolor muscular es crónico y no se debe a la actividad física, el calor puede proporcionar alivio. Asegúrate de seguir las instrucciones adecuadas al aplicar frío o calor para evitar lesiones.
- La terapia física y los masajes son otra forma efectiva para aliviar el dolor muscular y articular. La terapia física se enfoca en fortalecer los músculos y mejorar la movilidad, mientras que los masajes reducen la inflamación, mejoran la circulación y reducen el estrés y la ansiedad.
Como siempre, en nuestra farmacia estaremos encantados de asesorarte sobre cómo prevenir y gestionar el dolor muscular y articular que casi todos solemos padecer en algún momento de nuestro día a día.
Preguntas frecuentes
¿Es recomendable aplicar estos geles antes de dormir para mejorar el descanso?
Sí, especialmente en casos de dolor mecánico o crónico, ya que la aplicación mediante un masaje relajante ayuda a destensar la musculatura antes del reposo. Sin embargo, si el gel contiene mentol o ingredientes muy estimulantes de efecto frío extremo, algunas personas pueden experimentar una sensación de vigilia inicial debido a la intensidad del frescor en la piel.
¿Cuánto tiempo se debe esperar para vestirse tras aplicar el gel para no manchar la ropa o perder eficacia?
Aunque la mayoría de los geles modernos son de absorción rápida y no grasos, se recomienda esperar entre 3 y 5 minutos antes de cubrir la zona con prendas de vestir. Esto asegura que los principios activos hayan penetrado completamente en la epidermis y evita que el tejido de la ropa absorba parte del producto, lo que reduciría su efecto terapéutico local.
