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Antibióticos: guía completa para usarlos con responsabilidad

envase con antibióticos

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera las resistencias a los antimicrobianos (RAM) como una de las principales amenazas para la salud global. En 2024, publicó una lista de patógenos prioritarios para los cuales se necesitan urgentemente nuevos antibióticos. Y es que la mayoría de las bacterias son ahora multirresistentes. ¿La causa? Ya la sabemos desde hace tiempo. El uso excesivo e inadecuado de los antibióticos contribuye a la resistencia de las bacterias y, en consecuencia, a la disminución en la efectividad del antibiótico. Además, su uso sin prescripción médica para infecciones para las que no están indicados, como las víricas, puede empeorarlas. Y, cómo no, hay que prestar especial atención a cómo afecta a la flora intestinal. Por eso es tan importante que los usemos con responsabilidad.

De hecho, actualmente, según el Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos (PRAN), las bacterias multirresistentes causan 33.000 muertes al año en Europa. El uso excesivo e inadecuado de los antibióticos es una de las principales causas del desarrollo de las temidas bacterias multirresistentes, que son una de las amenazas más serias para la salud pública y que generan un gasto sanitario adicional de unos 1.500 millones de euros.

¿Qué son los antibióticos y cómo actúan?

Los antibióticos son medicamentos utilizados para combatir infecciones provocadas por bacterias. Para combatirlas emplean diversos mecanismos: dañando su pared celular para debilitarlas y destruirlas; actuando sobre la membrana celular para provocar su muerte: inhibiendo la síntesis de proteínas: atacando el material genético de la bacteria; etc.

Actualmente existen más de quince grupos distintos de antibióticos, que se diferencian por su estructura química y por las infecciones y bacterias sobre las que actúan. Pero lo preocupante es que, según el PRAN, cada vez hay más bacterias multirresistentes. Y son las responsables de 33.000 muertes al año en Europa.

Debido al uso sin prescripción, aumenta la resistencia de las cepas, lo que supone que la bacteria se hace insensible al tratamiento, independientemente de que el paciente haya tomado en algún momento estos antibióticos. Y, como la velocidad de aparición de resistencias es mayor que la de nuevos antibióticos, podemos encontrarnos con que, en un futuro, ningún fármaco de este tipo cumpla su objetivo.

Tipos de antibióticos más comunes

Los antibióticos se agrupan en función a sus propiedades, su estructura química, su espectro de acción y el tipo de bacterias que combaten.

En función al espectro de acción, encontramos los antibióticos:

  • De amplio espectro, que actúan sobre muchas especies diferentes de bacterias.
  • De espectro reducido: antibióticos que actúan sobre un grupo reducido de especies bacterianas.

En función de su forma de actuar frente a la infección, podemos encontrar:

  • Penicilinas, como la amoxicilina -de las más usadas- o la ampicilina. Actúan sobre la pared celular de las bacterias, debilitándolas y provocando su muerte.
  • Macrólidos, como la azitromicina, la eritromicina o la claritromicina. Inhiben la síntesis de proteínas en las bacterias, impidiendo su reproducción.
  • Cefaloesporinas (cefalexina, cefaclor, cefuroxima), que también actúan sobre la pared celular bacteriana.
  • Fluoroquinolonas (Ciprofloxacino, levofloxacino), que alteran el ADN de las bacterias, lo que impide su capacidad para replicarse y multiplicarse.
  • Tetraciclinas, como la doxiciclina o la minociclina, que bloquean la síntesis de proteínas bacterianas, deteniendo su crecimiento.
  • Aminoglucósidos, como la estreptomicina y la gentamicina, que dañan los ribosomas para detener la síntesis de proteínas.
  • Sulfamidas (como el cotrimoxazol, que inhiben el crecimiento bacteriano.

Cómo dosificarlos correctamente

Como ya sabemos, los antibióticos mal utilizados acarrean consecuencias negativas para todos. Por eso, consumirlos sólo bajo prescripción médica, tomar la dosis correcta y durante el periodo de tiempo apropiado deben ser siempre las pautas a seguir. Fundamentalmente:

  • Hay que seguir siempre las pautas de administración prescritas por el profesional sanitario: la dosis, la pauta y la duración. Cuando el médico u odontólogo nos prescriba un antibiótico, debemos seguir todas sus instrucciones en cuanto a la dosis a tomar y respetando los intervalos horarios de cada dosis. Pensemos en el horario más fácil para cumplir el tratamiento (por ejemplo, a las 8 de la mañana, las 4 de la tarde y las 12 de la noche) y, si el antibiótico recomendado sólo necesita una dosis al día, tomémoslo siempre a la misma hora.

Las resistencias de las bacterias a los antibióticos aumentan cuando estos se toman a dosis incorrectas o de forma irregular.

  • Del mismo modo, también es perjudicial cambiar la dosis prescrita, ya que puede causar toxicidad. Es primordial que sigamos las recomendaciones del prospecto y las indicaciones del médico a la hora de tomarlos.
  • Nunca hay que interrumpir el tratamiento, aunque mejoren los síntomas.
  • No guardes los antibióticos sobrantes para ‘reutilizarlos’ a discreción posteriormente ni automedicarse. Deposítalos en el punto SIGRE de nuestra farmacia.

Infecciones que sí requieren antibióticos

Como ya hemos comentado, son las infecciones provocadas por bacterias las que sí pueden ser tratadas con antibióticos. En este sentido, sólo un médico puede determinar si una infección es bacteriana y si necesita antibióticos, basándose en los síntomas y pruebas.

Entre las infecciones más comúnmente tratadas con antibióticos están:

  • La faringitis estreptocócica, una infección de garganta causada por una bacteria.
  • La neumonía bacteriana, que afecta los pulmones y, cuando es causada por bacterias, necesita antibióticos.
  • Las infecciones del tracto urinario (ITU), causadas casi siempre por bacterias.
  • Algunas otitis.
  • Infecciones cutáneas y de tejidos blandos, como el impétigo o las causadas por estafilococos o estreptococos.
  • Ciertas infecciones de transmisión sexual causadas por bacterias.
  • Otras infecciones bacterianas, como la tuberculosis, la osteomielitis (infección del hueso) o ciertas infecciones por heridas y cirugías.
  • Los antibióticos también se emplean para prevenir infecciones en procedimientos quirúrgicos, como puede ser una cesárea o un trasplante.

Errores frecuentes en su uso

Para frenar la ineficacia que está afectando a numerosos antibióticos, es importante seguir ciertas cautelas que el propio Consejo General de Colegios Farmacéuticos destaca:

  1. Nunca automedicarse: Tomar antibióticos sin receta médica o usando los sobrantes de un tratamiento anterior es peligroso porque no se tiene la certeza de que la infección sea bacteriana y el antibiótico podría no ser el correcto.
  2. No completar el tratamiento, puesto que permite que algunas bacterias sobrevivan y desarrollen resistencia, haciendo que el medicamento deje de ser efectivo.
  3. No usarlos en infecciones virales, como los del resfriado, la gripe o la COVID-19.
  4. No compartir antibióticos: las recetas son personales y los antibióticos pueden no ser apropiados para otra persona con una infección diferente.
  5. Tomarlos en dosis o duración incorrectas, ya que reduce su eficacia y puede causar efectos secundarios (diarrea, mareos, sarpullido…) o resistencia.
  6. Complementarlos con probióticos. Es muy recomendable tomar probióticos cuando nos han prescrito antibióticos, con objeto de restaurar la flora intestinal. Eso sí, es importante tomarlos con una separación de al menos dos horas respecto al antibiótico para no interferir con la acción de este último. Y, además, continuar tomando los probióticos durante algunas semanas después de terminar el antibiótico para ayudar a recuperar y mantener el equilibrio de tu microbiota intestinal.

En definitiva, es preciso realizar un uso racional de cualquier medicamento, y en especial de los antibióticos. Ante cualquier duda o reacción asociada al tratamiento, consulta siempre a tu médico. Y, cómo no, recuerda que en nuestra farmacia siempre estamos dispuestos a ayudarte.

Hagamos un uso responsable de los antibióticos siempre.

Probióticos, flora intestinal y otros consejos prácticos

Los antibióticos pueden alterar la microbiota intestinal y, en algunas personas, favorecer diarrea u otras molestias digestivas, así que tiene sentido acompañar el tratamiento con medidas de cuidado intestinal. Una opción frecuente es el uso de probióticos, que conviene tomar separados del antibiótico (como norma general, dejando al menos dos horas) para que el fármaco no inactive las cepas del suplemento.

También ayuda priorizar una alimentación suave mientras dure el tratamiento (buena hidratación y comidas fáciles de tolerar) y retomar después una dieta rica en fibra de forma progresiva, según tolerancia, para apoyar el equilibrio intestinal. Y recuerda dos reglas que evitan muchos problemas: no mezclar antibióticos con alcohol “por sistema” (depende del antibiótico y puede empeorar efectos adversos) y revisar siempre interacciones relevantes con otros fármacos, especialmente anticonceptivos, anticoagulantes y algunos antiácidos o suplementos minerales, porque pueden reducir la absorción o alterar la eficacia del tratamiento.

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Preguntas frecuentes

¿Qué se debe hacer si se olvida tomar una dosis a la hora exacta prescrita?

Si el olvido es de pocas horas, lo ideal es tomar la dosis en cuanto se recuerde; sin embargo, si ya falta poco para la siguiente toma, es preferible saltarse la dosis olvidada y continuar con el horario habitual. Nunca se debe duplicar la cantidad de medicamento en una sola toma para compensar el olvido, ya que esto aumenta significativamente el riesgo de toxicidad y efectos adversos sin mejorar la eficacia contra la infección.

¿Cómo afecta la toma de antibióticos a la eficacia de los métodos anticonceptivos hormonales?

Se ha observado que ciertos antibióticos de amplio espectro pueden alterar la flora intestinal encargada de absorber los estrógenos de la píldora anticonceptiva, reduciendo potencialmente su efectividad. Por precaución, los profesionales sanitarios recomiendan utilizar un método de barrera adicional, como el preservativo, durante todo el tratamiento antibiótico y hasta siete días después de finalizarlo para evitar embarazos no deseados.