Uno de los problemas articulares más frecuente entre la población es la artritis, una dolencia de origen generalmente autoinmune que puede aparecer a cualquier edad y que no sólo provoca la inflamación de la articulación sino que afecta a la membrana sinovial. La edad, el sobrepeso, la práctica de deportes de impacto y las actividades de repetición en el trabajo pueden desencadenar o agravar esta dolencia.
Además de los tratamientos médicos, los suplementos pueden ser un buen complemento para mejorar sus síntomas. Glucosamina, condroitina, aceite de pescado (omega-3), SAM-e, curcumina, vitaminas… son algunos de los compuestos básicos de estos suplementos, que siempre es recomendable tomar bajo supervisión médica en la medida en que pueden interactuar con diversos fármacos y no resultar todo lo efectivos que esperamos.
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¿Qué es la artritis y cómo afecta?
La artritis es una enfermedad de causa desconocida que produce una inflamación de la membrana sinovial (sinovitis). Según la Coordinadora Nacional de Artritis (ConArtritis), más de un millón de personas padecen en nuestra país enfermedades reumáticas inmunomediadas, como son la artritis reumatoide, la artritis psoriásica, la artritis idiopática juvenil, la espondilitis anquilosante y la espondiloartritis. Los síntomas asociados a la artritis son: dolor, inflamación, enrojecimiento y aumento de temperatura de la articulación, limitación para la movilidad y rigidez.
¿Cómo afecta? Las articulaciones que se inflaman con más frecuencia son las muñecas, las de los dedos de las manos y de los pies, los codos, los hombros, las caderas, las rodillas y los tobillos. Y el proceso puede provocar desde la rigidez matutina -con dificultad para iniciar movimientos tras el descanso nocturno- hasta cuadros severos que reducen significativamente la capacidad funcional para realizar actividades cotidianas.
Y es que la inflamación persistente puede acabar dañando los huesos, ligamentos y tendones que hay alrededor, provocando a la larga una deformidad progresiva de las articulaciones y la reducción de la movilidad de la persona.
Principales tipos de artritis
Dependiendo de la causa, se pueden diferenciar más de 100 tipos de artritis. Su origen puede ser una enfermedad autoinmune, infecciones por virus o bacterias, desgaste (artrosis), fracturas o depósito de cristales en la articulación (de ácido úrico o de pirofosfato cálcico), etc.
La mayoría de los tipos de artritis se resuelven con tratamiento o cirugía, pero las artritis crónicas como la artritis reumatoide, la artritis psoriásica, la artritis idiopática juvenil o la espondilitis anquilosante, desafortunadamente aún no tienen cura y requieren un tratamiento de manera permanente.
Los principales tipos de artritis son:
- La osteoartritis (la forma más común de artritis), que se debe al proceso de degeneración de las articulaciones con el paso de los años.
- La espondilitis anquilosante, una enfermedad inflamatoria que afecta principalmente a la columna vertebral, volviéndola rígida y reduciendo considerablemente la movilidad.
- La artritis idiopática juvenil. Una forma severa de artritis que afecta a las articulaciones y padecen jóvenes menores de 16 años.
- La artritis reumatoide. Es una condición autoinmune en la que el propio organismo ataca al tejido sano. Los síntomas de este tipo de artritis suelen ser rigidez matutina, dolor de articulaciones, dificultades para dormir, entumecimiento, calor, ardor y hormigueo.
- La gota, causada por acumulación de cristales de ácido úrico en las articulaciones.
- La artritis reactiva, que se da cuando una infección afecta al sistema inmunitario y provoca la inflamación.
- La artritis infecciosa, provocada por la infección directa de la articulación.
- La artritis psoriásica, derivada de la psoriasis y que afecta especialmente a los dedos, con fuertes dolores y descamación.
- Otras enfermedades que provocan artritis, como el lupus eritematoso, el síndrome de Sjögren o la esclerodermia.
Suplementos más comunes y sus beneficios
Aunque hay ciertos compuestos y complementos que pueden ayudar a reducir el dolor articular, es recomendable consultar al médico antes de tomar cualquier suplemento.
Decimos esto porque el consumo de suplementos específicos puede contribuir a cuidar la salud de las articulaciones y hay algunos derivados que pueden tener un efecto transitorio positivo como efecto analgésico, pero realmente la evidencia científica es muy limitada y no hay estudios lo suficientemente sólidos que comprueben que estos productos suplementarios -que pueden ir bien de forma temporal para algún tipo de dolor o como consecuencia del efecto placebo- cambien el curso de la enfermedad.
Entre los principios activos más comunes en este tipo de suplementos encontramos:
- Glucosamina y condroitina, que pueden prevenir el desgaste del cartílago.
- Colágeno, especialmente el tipo II, por su capacidad antiinflamatoria.
- Cúrcuma, considerado un antiinflamatorio natural.
- Omega-3, relacionado con el fortalecimiento del sistema inmune y la prevención de infecciones.
- SAM-e (S-adenosilmetionina), una sustancia presente en el cuerpo de forma natural pero que producimos en menor cantidad con la edad.
Glucosamina y condroitina
Disponibles en comprimido, cápsula, polvo o líquido, son componentes del cartílago, la sustancia que amortigua las articulaciones. Forman parte de los llamados SYSADOA (Symptomatic Slow-Acting Drugs for Ostheoartritis) y, aunque no hay suficientes evidencias científicas sobre su alta efectividad, algunos estudios han determinado que puede mejorar síntomas como el dolor, aunque con una acción lenta.
La combinación de la glucosamina y condroitina han sido propuestas en algunas guías internacionales como un tratamiento para el dolor articular. ¿Ejemplos de esta combinación? Productos como el flexivita de vitae e inovance articulations, ambos con dosis muy altas de glucosamina y condroitin sulfato.
Omega-3
Los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 que se encuentran en el pescado tienen fuertes propiedades antiinflamatorias. Y de hecho diversos estudios científicos han sugerido que los suplementos de omega-3 pueden reducir el dolor articular, la rigidez y la hinchazón propias de la artritis reumatoide.
El aceite de pescado, las semillas de lino y la chia también contienen omega-3, pero en la forma de ácido alfa-linolénico (ALA) de cadena corta. Son los ácidos grasos omega-3 de cadena larga —ácido eicosapentaenoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA)—los que tienen la mayoría de los beneficios y por eso es importante asegurarse de que el suplemento indique el contenido de EPA y DHA y de tomar por lo menos un gramo de cada uno (EPA y DHA). No dudes en consultanos en la farmacia.
Curcumina
La curcumina, presente en la cúrcuma, es un agente antiinflamatorio que bloquea la misma enzima promotora de la inflamación que el celecoxib, un fármaco inhibidor de la COX-2.
Este suplemento también parece aliviar la hinchazón y la sensibilidad de la artritis, sin los efectos colaterales gastrointestinales de algunos analgésicos. No obstante, para elegir una cúrcuma efectiva es importante tener en cuenta su dosis en curcumina, el principal activo antiinflamatorio, y elegir formulaciones que nos aseguren su biodisponibilidad o absorción, a través de grasas o pimienta negra (piperina).
Tan importante como lo anterior es que su consumo está contraindicado en personas con antiagregantes como ácido acetilsalicílico (adiro, tromalyt), clopidogrel (plavix) y anticoagulantes como acenocumarol (sintrom) o warfarina (aldocumar). Así que, como ya te hemos indicado antes, consúltanos siempre antes de elegir una u otra opción.
SAMe
La S-adenosilmetionina (SAM-e) es un compuesto natural del organismo que posee efectos antiinflamatorios, protectores del cartílago y analgésicos. Es uno de los suplementos con mayor evidencia científica, puesto que hay diversos estudios que comparan su efectividad para aliviar el dolor con antiinflamatorios no esteroideos (NSAID) como el ibuprofeno y el celecoxib, sin los efectos colaterales de estos últimos. Aunque, eso sí; lleva unas pocas semanas ver un efecto considerable.
Cómo elegir suplementos con criterio
Los suplementos pueden ayudar a aliviar síntomas en algunos casos, pero no sustituyen el tratamiento médico de fondo en artritis inflamatorias, y su efecto suele ser modesto y variable. Antes de comprar, conviene distinguir si el objetivo es apoyar el dolor y la rigidez (complemento sintomático) o cubrir déficits nutricionales, y revisar siempre si hay medicación concomitante, porque puede haber interacciones.
En la práctica, es útil priorizar productos con composición clara y dosis definida: en omega-3, por ejemplo, importa que el etiquetado indique cuánto EPA y DHA aporta (no solo “aceite de pescado”). Y con compuestos como SAM-e, hay estudios en artrosis de rodilla que muestran una eficacia similar a celecoxib para síntomas, pero con un inicio de efecto más lento (puede tardar varias semanas), por lo que no es un suplemento “de alivio inmediato”. Además, si ya se toma medicación (antiinflamatorios, corticoides, anticoagulantes, antiagregantes o fármacos para la artritis), la elección debe ser especialmente prudente para evitar duplicidades y riesgos.
Recomendaciones finales y consejos prácticos
En ausencia de tratamiento curativo de ciertos tipos de artritis, el objetivo debe ser controlar lo mejor posible los síntomas y sus consecuencias en la vida diaria. Por eso es fundamental
adoptar un enfoque integral que combine cambios en el estilo de vida, ejercicios específicos y, si es necesario, tratamiento médico.
Entre las rutinas que se deben adoptar:
- El ejercicio regular, puesto que la actividad física ayuda a mantener la flexibilidad de las articulaciones, fortalecer los músculos y mejorar el estado de ánimo. Además es importante incorporar estiramientos suaves en la rutina diaria para mejorar la amplitud de movimiento de las articulaciones.
- El descanso adecuado, ya que dormir entre 8 y 10 horas puede ayudar a reducir la inflamación y la fatiga.
- Gestionar el estrés, porque puede empeorar los síntomas de la artritis. Además es importantísimo enfrentar la situación con una actitud lo más positiva posible.
- Llevar una dieta equilibrada y antiinflamatoria, porque puede ayudar a reducir la inflamación en las articulaciones. Se recomienda evitar alimentos procesados, azúcares refinados y grasas saturadas: por el contrario, hay que optar por alimentos ricos en omega-3, frutas, verduras y granos integrales.
- Proteger las articulaciones. ¿Cómo? Evitando movimientos repetitivos, usando férulas o vendajes si es necesario y descansando con frecuencia para prevenir lesiones y reducir el dolor.
En todo este proceso es primordial que consultes a tu médico para concretar el tipo de tratamientos más ajustados a tu caso y, cómo no, que prestes atención a las señales de tu cuerpo. Además de hablar con tu médico o fisioterapeuta para que te den recomendaciones personalizadas, no tengas reparos en buscar el apoyo de tu entorno, de grupos de personas con artritis o de recursos como esta Guía para pacientes de Artritis Reumatoide de la Sociedad Española de Reumatología.
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Preguntas frecuentes
¿En qué casos es mala idea “autoprescribirse” suplementos para la artritis?
Si tomas anticoagulantes tipo warfarina/acenocumarol o antiagregantes, hay suplementos que pueden aumentar el riesgo de alteraciones de la coagulación o sangrado, así que conviene no iniciarlos por tu cuenta. Por ejemplo, se han notificado aumentos del INR y episodios hemorrágicos en personas con warfarina que añadieron glucosamina (sola o con condroitina). También es prudente extremar precauciones con omega‑3 en dosis altas o formulaciones concentradas, porque existe preocupación por sangrado y los ensayos apuntan a que el riesgo global suele ser bajo, pero puede subir ligeramente con EPA purificado a dosis altas.
¿Cómo saber si un suplemento es “de calidad” y si la dosis tiene sentido?
Prioriza etiquetas que indiquen dosis exacta del activo relevante y no solo el ingrediente genérico; en omega‑3, lo importante es cuánto EPA y DHA aporta cada toma, no “cuánto aceite de pescado”. En cúrcuma, busca que especifique cantidad de curcuminoides/curcumina y una estrategia de biodisponibilidad (por ejemplo, formulación lipídica o con piperina), porque la absorción cambia mucho entre productos.
¿Qué suplemento tiene más riesgo de interacciones fuera del ámbito reumatológico?
SAM‑e merece especial cautela si hay tratamiento psiquiátrico o antecedentes de trastorno bipolar, porque se han descrito virajes a hipomanía/mania, sobre todo cuando se combina con fármacos serotoninérgicos como los ISRS. En esos casos, no es un “suplemento inocuo” y debe valorarse con el médico antes de usarlo.
