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Los diferentes tipos de analgésicos y cuándo usarlos

persona pidiendo un analgésico en una farmacia

Cada vez consumimos más analgésicos. Así lo refleja el STADA Health Report 2023 (https://www.stada.com/media/8029/stada_health_report_2023_en.pdf), según el cual el 51% de los españoles los toma al menos una vez al mes, un 18% semanalmente y un 7% a diario. Esta elevada frecuencia de uso hace imprescindible emplearlos con responsabilidad, evitar la automedicación y elegir siempre el tratamiento más adecuado en función de la intensidad del dolor y de la existencia —o no— de un proceso inflamatorio asociado.

¿Qué es un analgésico y cómo actúa?

Un analgésico es un medicamento destinado a aliviar o reducir el dolor sin provocar pérdida de conciencia. Su acción se ejerce sobre el sistema nervioso central o periférico, disminuyendo o bloqueando la percepción del dolor. Por ello, se utilizan para tratar desde molestias leves hasta dolores intensos, ya sean puntuales o asociados a enfermedades crónicas y procedimientos quirúrgicos.

Existen tres grandes grupos de analgésicos:

  • No opioides, los más utilizados por su eficacia frente a dolores leves y moderados y, en muchos casos, por su efecto antipirético. En este grupo se encuentran el paracetamol y los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como el ácido acetilsalicílico, el ibuprofeno o el naproxeno.
  • Opioides, indicados para dolores de mayor intensidad. Actúan uniéndose a receptores específicos del cerebro y la médula espinal para modificar la percepción del dolor. Entre ellos destacan la morfina, la oxicodona y el fentanilo.
  • Coanalgésicos, medicamentos que no fueron diseñados específicamente para aliviar el dolor, pero que han demostrado ser eficaces en determinadas patologías, especialmente en el dolor neuropático. Es el caso de algunos antidepresivos y anticonvulsivantes.

Analgésicos sin receta: los más comunes

Los analgésicos sin receta más utilizados son el ácido acetilsalicílico, el paracetamol y el ibuprofeno.

A diferencia de lo que ocurre en otros países, en España todos los medicamentos analgésicos, tengan o no receta, solo pueden adquirirse en farmacias. Cuando un medicamento requiere prescripción médica es porque presenta determinadas características de seguridad que exigen supervisión profesional.

Un ejemplo es el ibuprofeno: las presentaciones de 400 mg se pueden dispensar sin receta, mientras que las de 600 mg requieren prescripción médica.

En el caso del paracetamol, pueden adquirirse sin receta las dosis de 500 y 650 mg, mientras que el ácido acetilsalicílico está disponible habitualmente en dosis de 500 mg.

Antiinflamatorios: cuándo son la mejor opción

Entre los analgésicos que pueden adquirirse sin receta destacan los denominados AINEs (Antiinflamatorios No Esteroideos), como el ibuprofeno, el dexketoprofeno o el naproxeno.

Su principal ventaja es que no solo alivian el dolor, sino que también reducen la inflamación y la hinchazón. A diferencia del paracetamol, que actúan fundamentalmente sobre la percepción del dolor, los AINEs inhiben la producción de prostaglandinas, sustancias implicadas en los procesos inflamatorios, la fiebre y el dolor.

Por ello, son la opción más adecuada cuando el dolor se acompaña de inflamación, enrojecimiento o edema. Algunos ejemplos son:

  • Dolores musculares y de espalda.
  • Dolor menstrual.
  • Dolor de garganta.
  • Esguinces, torceduras y contusiones.
  • Brotes de artritis, artrosis, tendinitis o bursitis.

Sin embargo, su uso debe ser prudente. Un consumo excesivo o prolongado puede provocar problemas digestivos, deterioro de la función renal y elevación de la presión arterial. Por ello, se recomienda utilizar siempre la dosis mínima eficaz durante el menor tiempo posible, preferiblemente no más de tres o cuatro días seguidos. Si el dolor persiste, es necesario consultar con un profesional sanitario.

Opioides: uso responsable y bajo prescripción

Los opioides se reservan para dolores intensos que no responden adecuadamente a otros analgésicos. Utilizados bajo control médico, pueden ser tratamientos eficaces y seguros para aliviar el dolor. Sin embargo, requieren un seguimiento estricto debido a sus posibles efectos adversos y a su potencial adictivo.

Dentro de este grupo encontramos medicamentos de diferente potencia, desde el tramadol y la codeína hasta la morfina, la oxicodona o el fentanilo.

Su uso suele estar indicado en situaciones como:

  • Dolores agudos derivados de lesiones graves o intervenciones quirúrgicas.
  • Dolores crónicos asociados a determinadas enfermedades que afectan al sistema nervioso.
  • Procesos oncológicos y otras patologías que cursan con dolor intenso.

Incluso en dosis bajas pueden producir somnolencia, náuseas, vómitos o mareos. A dosis más elevadas, pueden disminuir la frecuencia respiratoria y cardíaca, llegando a provocar complicaciones graves.

Además, la sensación de bienestar que generan algunos opioides puede favorecer su consumo indebido y aumentar el riesgo de dependencia.

Por todo ello, deben utilizarse siempre siguiendo estrictamente las indicaciones médicas. En este sentido, la Guía del Buen Uso de Opioides (https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/publicaciones/catalogo/bibliotecaDigital/publicaciones/pdf/2017_GUIA_Buen_uso_opioides_Socidrigalcohol.pdf ) del Ministerio de Sanidad constituye una referencia de gran utilidad para pacientes y cuidadores.

¿Analgésico tópico o sistémico?

La elección dependerá del origen y la localización del dolor.

Cuando se trata de un dolor muscular o articular localizado, los analgésicos tópicos suelen ser la opción más adecuada. En cambio, si el dolor es generalizado o afecta a órganos internos, será necesario recurrir a un analgésico sistémico.

Los analgésicos tópicos —en formato crema, gel, spray o apósito— actúan directamente sobre la zona afectada. Son especialmente útiles en casos de golpes, torceduras, molestias musculares o procesos articulares leves. Al absorberse mínimamente en la sangre, presentan un riesgo muy bajo de efectos secundarios digestivos o renales.

Entre los productos más utilizados se encuentran Reflex, Voltadol, Beixdermil, Calmate, Radiosalil, Algesal, Flogoprofen o Novidol, formulados con principios activos como ibuprofeno o diclofenaco de aplicación tópica.

Por su parte, los analgésicos sistémicos se administran por vía oral, inyectable o intravenosa y pasan al torrente sanguíneo. Por ello, resultan eficaces para tratar dolores generalizados o de origen visceral, como migrañas, dolor menstrual, dolor dental o fiebre. No obstante, al actuar en todo el organismo, presentan una mayor probabilidad de producir efectos adversos, especialmente a nivel digestivo o hepático.

Interacciones y precauciones que debes conocer

Aunque algunos analgésicos pueden adquirirse sin receta, eso no significa que estén exentos de riesgos. Su uso responsable es fundamental.

Por ello, conviene seguir estas recomendaciones:

  • No superar nunca la dosis indicada en el prospecto o prescrita por el médico.
  • Respetar el intervalo recomendado entre tomas.
  • Evitar combinarlos con determinados medicamentos, como antibióticos, anticoagulantes, antiepilépticos o diuréticos, salvo indicación médica.
  • Tener en cuenta que pueden interferir con algunos tratamientos hormonales anticonceptivos.
  • Durante el embarazo y la lactancia, utilizarlos únicamente bajo supervisión médica.
  • Consultar siempre con el médico o farmacéutico si se padecen enfermedades hepáticas, renales, cardiovasculares, respiratorias o anemia.
  • Solicitar valoración médica si el dolor dura más de cinco días, aparece fiebre o los síntomas empeoran.
  • Evitar el uso frecuente para tratar dolores de cabeza, ya que puede producir efecto rebote y cronificar el problema.

Además, conviene prestar especial atención al paracetamol y a los AINEs, ya que son los analgésicos más consumidos.

El paracetamol se metaboliza en el hígado, por lo que superar la dosis máxima diaria recomendada —generalmente 4 gramos en adultos sanos— puede causar una grave toxicidad hepática. A su favor, presenta una excelente tolerancia gástrica, lo que lo convierte en una alternativa adecuada para personas con gastritis o úlceras.

Por su parte, los AINEs como el ibuprofeno, el naproxeno, el dexketoprofeno o el ácido acetilsalicílico pueden irritar la mucosa gástrica cuando se utilizan durante periodos prolongados, aumentando el riesgo de gastritis y úlceras sangrantes. Por ello, se recomienda tomarlos después de las comidas y, cuando sea necesario, acompañarlos de protección gástrica prescrita por un profesional sanitario.

Asimismo, no deben combinarse con medicamentos anticoagulantes o antiagregantes ni utilizarse simultáneamente dos AINEs distintos, ya que esta práctica incrementa el riesgo de efectos adversos cardiovasculares y gastrointestinales sin aportar un mayor beneficio analgésico.

En definitiva, los analgésicos son medicamentos seguros y eficaces cuando se utilizan correctamente. Sin embargo, su uso debe ser siempre responsable y ajustado a cada situación. Ante cualquier duda, consúltanos en la farmacia.