¿Quién no ha tenido alguna vez una reacción alérgica a algún medicamento, alimento o sustancia? Aunque estamos ante molestias leves -como picazón, enrojecimiento de la piel, urticaria, estornudos, etc.- es un problema que requiere atención. De hecho, es importante reconocer que estamos ante ello -ante una reacción alérgica- para actuar rápidamente, identificar el alérgeno que supuestamente la ha provocado y evitar que la situación empeore.
Contenidos
- 1 Qué se considera una reacción alérgica leve
- 2 Síntomas más frecuentes
- 3 Causas habituales de una alergia leve
- 4 Primeros pasos que debes dar
- 5 Qué evitar para no empeorar los síntomas
- 6 Cuándo usar un antihistamínico
- 7 El papel de la farmacia en las alergias leves
- 8 Cuándo acudir a un profesional sanitario
- 9 Diferencias entre reacción leve y reacción grave
Qué se considera una reacción alérgica leve
Podemos decir que estamos ante una reacción alérgica leve cuando los síntomas se limitan a una zona específica del cuerpo y no afectan a la respiración ni la circulación sanguínea. Es decir, presentamos síntomas que causan molestias, pero no representan una emergencia médica, lo cual no significa que no requieran observación ni atención.
Por el contrario, nos encontramos ante una reacción alérgica grave si aparecen síntomas como dificultad para respirar, sibilancias (pitidos en el pecho), hinchazón de garganta o lengua, mareos intensos, vómitos o dolor abdominal intenso, signos todos ellos que requieren una atención médica urgente. La forma más grave es lo que conocemos como anafilaxia o shock anafiláctico, un proceso sistémico de rápida aparición que afecta a múltiples órganos simultáneamente y que puede ser potencialmente mortal.
Síntomas más frecuentes
Como decimos, en las reacciones leves los síntomas son mucho más limitados -en el tiempo y en la zona del cuerpo a la que afectan- y, aunque, molestos, no ponen en riesgo la salud de la persona. Nos referimos a síntomas como:
- Picazón (prurito), enrojecimiento, erupciones cutáneas o urticaria (ronchas), a menudo localizadas. Es muy común que se concentren en la zona expuesta al alérgeno o en áreas de piel especialmente sensibles, como el cuello, el torso o la cara.
- Rinitis o rinoconjuntivitis (llamada clásicamente ‘fiebre del heno’), que se manifiesta por picor de nariz y ojos, secreción nasal acuosa, estornudos, nariz taponada, lagrimeo y enrojecimiento de los ojos, etc.
- Ligero hormigueo o picazón en los labios, boca o garganta, algo muy común en alergias alimentarias y no preocupante si no genera inflamación que dificulte la respiración.
Causas habituales de una alergia leve
Como explican desde la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, los alérgenos más comunes son los respiratorios (aeroalérgenos), los alimentarios (trofoalérgenos) y los de contacto, aunque la gravedad de la reacción dependerá de la susceptibilidad de cada persona, la intensidad de la exposición y la vía de exposición.
Entre los causantes -o alérgenos- más comunes de las alergias leves encontramos:
- Los pólenes, las esporas de hongos, los ácaros (como los del polvo) y el pelo o la piel de los animales domésticos están entre los aeroalérgenos más comunes.
- El consumo de ciertos alimentos, como la leche, el huevo, ciertas frutas, frutos secos, mariscos… puede desencadenar la aparición de síntomas digestivos y cutáneos leves. Aunque, como hemos comentado, esos mismos alérgenos pueden provocar reacciones más graves en otras personas.
- Los metales (sobre todo el níquel), el látex, ciertos plásticos o tejidos, algunos medicamentos de uso tópico, los geles, cremas y productos cosméticos en general… pueden producir reacciones cutáneas al contactar sobre la piel durante un tiempo más o menos prolongado, manifestándose en forma de eccema o dermatitis.
Primeros pasos que debes dar
Si, como decimos, estamos ante una reacción alérgica leve que nunca antes habíamos padecido es fundamental analizar cuáles son los posibles desencadenantes y observar si la reacción está controlada (no evoluciona a peor con el paso del tiempo). En este sentido, es conveniente:
- Identificar la causa de la alergia. Podría ser algo que has comido, tocado o inhalado.
Incluso es posible que sufras una alergia a algo con lo que has entrado en contacto muchas veces. Así que no descartemos nada.
- Si es posible, es importante eliminar esa posible o posibles causas. Con lo cual es recomendable salir del espacio cerrado en el que estamos, enjuagar la piel o la boca si hemos tenido contacto con una sustancia irritante o hemos comido o bebido algo…
- Tomar un antihistamínico. Existen multitud de antihistamínicos de venta libre tanto de vía tópica como oral que pueden ser eficaces para aliviar o solucionar los síntomas.
- Aplicar lociones o productos calmantes de la piel, en caso de que haya picazón o irritación.
- Observar los síntomas. Como hemos comentado más arriba, lo importante es ver cómo evoluciona la reacción, que en la mayoría de los casos remite. Si empeora o no mejora, es imprescindible buscar atención médica.
Qué evitar para no empeorar los síntomas
Para no empeorar los síntomas de una alergia leve, lo más importante es evitar el contacto con el posible alérgeno que nos afecta (el polen, una sustancia, un alimento…) y frenar los síntomas que estamos padeciendo. Además es fundamental:
- Evitar rascarse o tocarse las ronchas, la urticaria o áreas con picor, puesto que con ello sólo conseguiremos aumentar la inflamación, provocar infecciones en la piel y empeorar la irritación.
- Evitar el agua caliente. Recordemos que el calor intenso empeora el picor y aumenta la urticaria.
- En línea con lo anterior, evitar ambientes calurosos y ropa ajustada. En su lugar, busquemos habitaciones frescas y bien aireadas y usemos ropa ligera y holgada para no irritar más la piel.
- No frotarse los ojos. Si la reacción les afecta, evitemos tocarlos para no empeorar la inflamación.
- Mantener la calma. La ansiedad puede aumentar la sensación de picor o el malestar que sentimos. Y, por ende, propiciar la necesidad de rascarse o frotarse, en caso de reacciones cutáneas.
Cuándo usar un antihistamínico
Como ya sabemos, los antihistamínicos son fármacos que se utilizan para tratar los síntomas de las alergias. Estos fármacos bloquean los receptores de la histamina –la sustancia inflamatoria que el cuerpo libera ante la presencia de un alérgeno- y, precisamente por eso, reducen los síntomas que produce, como la rinitis alérgica, los estornudos, los ojos llorosos y con picor, el picor de piel y la urticaria, etc.
En los casos de reacciones alérgicas leves, suelen ser aconsejables lo que llamamos los antihistamínicos de segunda generación, que incluyen a la loratadina, la cetirizina y la fexofenadina, con menos efectos secundarios e interacciones que los de primera generación. No obstante, no olvidemos que estamos ante un fármaco y, por tanto, es importante seguir las instrucciones de nuestro médico y las recomendaciones del fabricante en cuanto a la dosificación y el tiempo de uso.
El papel de la farmacia en las alergias leves
La farmacia es con frecuencia el primer punto de contacto cuando aparece una reacción alérgica leve, y el farmacéutico puede orientarte de forma rápida y eficaz sobre qué producto es el más adecuado según tus síntomas. No todos los antihistamínicos funcionan igual ni se adaptan igual a cada persona, y factores como la edad, otros medicamentos que estés tomando o el tipo de síntoma predominante pueden marcar la diferencia a la hora de elegir el tratamiento más conveniente.
Además de los antihistamínicos orales, en farmacia encontrarás cremas y geles calmantes con ingredientes como la calamina, el aloe vera o el óxido de zinc, especialmente útiles para aliviar el picor y el enrojecimiento cutáneo localizado. También disponemos de colirios antihistamínicos para la rinoconjuntivitis alérgica y sprays nasales que alivian la congestión y el picor de nariz sin necesidad de receta. Si tienes dudas sobre si lo que estás experimentando es una reacción leve o algo que requiere atención médica, no dudes en consultarnos: estamos para ayudarte a tomar la mejor decisión en cada momento.
Cuándo acudir a un profesional sanitario
Es urgente buscar la atención de un profesional sanitario si los síntomas empeoran o no mejoran con los antihistamínicos, o si tenemos dificultad para respirar.
Si estamos ante una alergia leve que se repite en el tiempo y cuyo origen desconocemos, lo interesante es que acudamos al alergólogo para que nos prescriba las pruebas pertinentes de cara a identificar claramente a qué somos alérgicos. Así podremos prevenir nuevas reacciones y tratarlas adecuadamente llegado el caso.
Diferencias entre reacción leve y reacción grave
Como ya hemos comentado, las reacciones alérgicas pueden provocar desde molestias leves hasta graves cuadros de anafilaxia. La diferencia clave radica en la intensidad de los síntomas, la rapidez de aparición y la cantidad de órganos afectados.
- En una reacción leve o moderada, los síntomas están localizados a una zona y, sobre todo, no comprometen la respiración ni la circulación.
- En una reacción grave, los síntomas se presentan de manera abrupta y sistémica; es decir, afectan a todo el organismo, principalmente a la respiración y a la circulación de la sangre. Sus síntomas son mucho más severos: sensación de ahogo; hinchazón severa de garganta, lengua o labios; mareos intensos, caída brusca de la presión arterial, pulso rápido o débil y labios o piel azulados; vómitos, diarrea y dolor abdominal intenso… Y es por ello que requieren atención médica urgente y, generalmente, el uso inmediato de epinefrina.
Por último, recordemos que, aunque los remedios caseros aportan alivio temporal, si las erupciones en la piel, las ronchas o las molestias del tipo que sean se repiten con frecuencia o son muy extensas, se debe acudir a un médico para descartar alergias graves o infecciones.
